1Co 12, 12-14.27-31; Sal 99; Lc 7, 11-17.

“Joven, yo te lo mando: Levántate”

El episodio de este día nos habla de otro milagro de Jesús; pero, a diferencia del anterior, en este caso es Jesús quien toma la iniciativa. Al acercarse a la pequeña aldea de Naín, Jesús se encuentra con una viuda que ha perdido a su hijo único y lo lleva a enterrar. Al verla, Jesús se conmueve y le dice desde lo hondo de su corazón: “No llores”. Dios nos quiere ver disfrutando por toda la eternidad a quienes la muerte nos ha separado. Nadie le pidió que hiciera algo, ni sus discípulos ni la gente que ya le conocía, sino que él mismo se apiadó de la mujer y, después de consolarla, le entrega a su hijo vivo nuevamente.

Enseguida reaccionaron todos los que estaban allí, unos con temor, otros con alegría y otros recordaron los tiempos de Elías, quien también revivió al hijo de una viuda. Desde el Antiguo Testamento, Dios se muestra siempre atento a las necesidades de sus hijos y, aunque recibe muchas oraciones y peticiones, es Él quien toma la iniciativa, se compadece y ayuda a quien lo necesita. De aquí esa afirmación, contundente y reveladora que nos da este relato: “Dios ha visitado a su pueblo”.

Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autora: Luz María Ramírez González

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