¡El cambio sistémico no es un «nuevo asunto» para los vicencianos!

¡Seamos claros! El cambio sistémico se remonta a los primeros días de Vicente en Châtillon, cuando organizó los esfuerzos de ayuda para la familia enferma. Vio cómo los miembros de la familia en gran necesidad recibían, de repente, más de lo que podían comer. ¿Qué pasaría el día siguiente? ¡La organización fue la respuesta! Vicente dijo claramente: «Los pobres sufren menos por falta de generosidad que por falta de organización». Fue el precursor de lo que hoy llamamos Caridades Católicas. ¡Fue «nuevo» hace 400 años!

Muchísimas de sus fundaciones fueron cambios sistémicos. Piensa en su trabajo en la formación del clero. Él comenzó a cambiar el sistema cuando presentó las «Conferencias de los martes». Hoy los llamaríamos «programas de formación continua». Aunque fue solicitado por el Concilio de Trento un siglo antes, implementó el cambio sistémico de la preparación del clero que llamamos seminarios.

Tal vez su cambio más radical fue la involucración de los laicos y especialmente de las mujeres en el ministerio. Rompió muchísimas barreras para las mujeres en el ministerio con el establecimiento de lo que ahora llamamos AIC. Afianzó este avance años más tarde cuando él y Luisa fundaron las Hijas de la Caridad. Entonces, por vez primera,  las mujeres podrían servir en el ministerio activo fuera de los conventos.

San Vicente entendió el cambio sistémico antes de que fueran reconocidos como cambios sistémicos. Lo nuevo sobre el cambio sistémico es nuestro redescubrimiento de nuestra herencia vicenciana. No es de extrañar que el papa Juan Pablo II, en 1986, implorara a los vicencianos regresar a nuestras raíces:

Más que nunca, con audacia, humildad y competencia, buscad las causas de la pobreza y estimulad las soluciones a corto y a largo plazo soluciones concretas, flexibles, eficaces. Si actuáis así cooperaréis a la credibilidad del Evangelio y de la Iglesia.

¿Qué es el cambio sistémico?

Básicamente se trata de aprender a servir de manera más efectiva, saliendo de la rutina de hacer las cosas de la manera en que siempre las hicimos. Para usar una frase que a menudo se atribuye a Albert Einstein, el pensamiento de cambio sistémico nos ayuda a «aprender a ver el mundo de nuevo». Es muy fácil cargar nuestras ideas de lo que funcionará.

Hace algún tiempo leí acerca de una celebridad que pensaba que el problema con la gente pobre era que no sabían cómo comprar económicamente. Ella abogaba por un programa de educación nutricional. Parecía un enfoque de cambio sistémico… hasta que ella misma experimentó el problema.

Cuando se vio desafiada a vivir dentro de un presupuesto exiguo en un vecindario en particular, descubrió que no entendía el problema al que se enfrentaban las personas. Este vecindario era lo que se llama un «desierto de comida». La única opción era tiendas de conveniencia. La gente no tenía acceso a los supermercados con comida de mejor calidad. Tampoco tenían suficiente dinero para comprar cantidades más grandes, con el consiguiente ahorro.

El cambio sistémico necesario aquí sería la promoción para que fuese factible que un supermercado sobreviva en ese vecindario.

El principio del cambio sistémico, en el contexto de las obras entre los pobres, va más allá de las necesidades inmediatas de proporcionar alimentos, ropa y refugio. Su enfoque particular es ayudar a los necesitados a cambiar las estructuras en las que viven y ayudarlos a desarrollar estrategias para salir de la pobreza.

Lo que es «nuevo» para nosotros, hoy en día, es la colaboración

Un enfoque de cambio sistémico es necesariamente interdisciplinario. E involucra a muchos actores diferentes dentro de la sociedad. Entre ellos: los pobres mismos, las personas interesadas, los donantes, las iglesias, los gobiernos, el sector privado, los líderes en los negocios, los sindicatos, los medios de comunicación, las organizaciones internacionales y las redes.

Nos hemos acostumbrado a trabajar en silos y como llaneros solitarios. Demasiado a menudo nuestro problema real es que no prestamos atención a los pobres mismos, escuchándolos.

En nuestros esfuerzos hacia el cambio sistémico, buscamos no solo ayudar a aquellos que son pobres en sus necesidades inmediatas, proporcionándoles comida, ropa y refugio. Los ayudamos a cambiar el sistema social en el que viven, para que puedan salir de la pobreza. Ese trabajo lleva adelante el núcleo de la orientación de Vicente para la Familia Vicenciana.

Algunas preguntas sobre nuestros proyectos:

  • ¿Cuándo fue la última vez que nos detuvimos a preguntar «¿Hay alguna manera mejor de hacer esto?»
  • ¿Cuándo le preguntamos por última vez a nuestros «clientes» su manera de ver un asunto?
  • ¿Cómo aborda este proyecto las causas subyacentes y rompe el ciclo de dependencia?

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