Un rotundo NO a la pena de muerte

por | Ago 3, 2018 | Noticias | 0 comentarios

Finalmente, la Iglesia ha consagrado su oposición a la pena de muerte en el resumen definitivo de su enseñanza magisterial ordinaria: el Catecismo de la Iglesia Católica.

Estamos volviendo a nuestras raíces como Iglesia:

«En los primeros días de la fe, en aquellas comunidades en las que el eco prolongado de la voz de la iglesia apostólica aún era audible, y, por él, el eco aún más prolongado de la voz de Cristo, los cristianos bautizados se consideraban llamados a una forma de vida radicalmente diferente a la del cosmos caído. Pertenecían a un reino que no era de este mundo, y estaba absolutamente prohibido que tomasen parte en las órdenes de fuerza por las cuales los poderes y principados ejercen su dominio. Ahora se les exigía vivir de acuerdo con una ley de caridad tan intransigente que podría llevar a su muerte y a la muerte de muchos otros. Pero ese momento prolongado de apocalíptica libertad de la violencia de la historia se desvaneció gradualmente» (de una reseña de «By Man Shall His Blood Be Shed» en Commonweal, por David Bently Hart)

Hoy, el Papa Francisco continuó con el viaje de desarrollo de la Iglesia, lejos ya los tiempos de cristiandad, a su cambio reflexivo en el énfasis iniciado bajo los papas san Juan Pablo II y Benedicto XVI. La inviolabilidad y la dignidad de cada vida han pasado al centro del escenario.

Ha sido un viaje desde la voluntad de aceptar personalmente la violencia (ver Mateo 5, 43-48 y Romanos 12, 14-21), a través de la asunción de teorías de justicia retributiva y el cuestionamiento de si las teorías son adecuadas para la reflexión sobre el tema de la pena capital, a pesar de que ha sido la teoría filosófica normativa que sustenta la enseñanza de la Iglesia durante siglos.

Volvemos a nuestras raíces: amar a tus enemigos.

“2267. Durante mucho tiempo el recurso a la pena de muerte por parte de la autoridad legítima, después de un debido proceso, fue considerado una respuesta apropiada a la gravedad de algunos delitos y un medio admisible, aunque extremo, para la tutela del bien común.

Hoy está cada vez más viva la conciencia de que la dignidad de la persona no se pierde ni siquiera después de haber cometido crímenes muy graves. Además, se ha extendido una nueva comprensión acerca del sentido de las sanciones penales por parte del Estado. En fin, se han implementado sistemas de detención más eficaces, que garantizan la necesaria defensa de los ciudadanos, pero que, al mismo tiempo, no le quitan al reo la posibilidad de redimirse definitivamente.

Por tanto la Iglesia enseña, a la luz del Evangelio, que «la pena de muerte es inadmisible, porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona», y se compromete con determinación a su abolición en todo el mundo.

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