En su última invitación apostólica, el Papa Francisco nos ha recordado el valor que tiene para los cristianos, el llamado a la santidad, como una vocación propia del hombre y la mujer de hoy. El Papa mencionó dentro de su exhortación grandes santos de la historia de la Iglesia como ejemplos a seguir, a San Francisco de Asís a quién nombró tres veces, a Juan Pablo II, san Juan de la Cruz, san Ignacio de Loyola, san Antonio de Padua, san Buenaventura, San Agustín (quién no podía faltar), el apóstol san Pablo, santa Teresa Benedicta de la Cruz, santa Hildegarda de Bingen, santa Brígida, santa Catalina de Siena, santa Teresa de Ávila, santa Teresa de Lisieux, santa Teresa de Calcuta, santa Josefina Bakhita, entre otros.

Aunque la lista parezca larga de menciones, no lo es para la gran cantidad de santos que tiene nuestra amada Iglesia, por supuesto que hay gran alegría que entre esos numerables santos y beatos, el Papa destaque algunas grandes figuras de la Cristiandad, y qué importante es que Su Santidad por primera vez en uno de sus documentos oficiales mencione al gran San Vicente de Paúl, patrono universal de las obras de caridad, ya que ni en Evangelii Gaudium ni en Laudato Sí, fue mencionado san Vicente.

San Vicente fue mencionado por el Papa en dos ocasiones, en el numeral 100 y en el 126, en la primera fue mencionado como uno de los grandes santos que no dejaron a un lado ni la oración ni el servicio por los pobres y en la segunda mencionó santos que se caracterizaron por la alegría. A continuación les dejo el texto íntegro:

100. Lamento que a veces las ideologías nos lleven a dos errores nocivos. Por una parte, el de los cristianos que separan estas exigencias del Evangelio de su relación personal con el Señor, de la unión interior con él, de la gracia. Así se convierte al cristianismo en una especie de ONG, quitándole esa mística luminosa que tan bien vivieron y manifestaron san Francisco de Asís, san Vicente de Paúl, santa Teresa de Calcuta y otros muchos. A estos grandes santos ni la oración, ni el amor de Dios, ni la lectura del Evangelio les disminuyeron la pasión o la eficacia de su entrega al prójimo, sino todo lo contrario.

126. Ordinariamente la alegría cristiana está acompañada del sentido del humor, tan destacado, por ejemplo, en santo Tomás Moro, en san Vicente de Paúl o en san Felipe Neri. El mal humor no es un signo de santidad: «Aparta de tu corazón la tristeza» (Qo 11,10). Es tanto lo que recibimos del Señor, «para que lo disfrutemos» (1 Tm 6,17), que a veces la tristeza tiene que ver con la ingratitud, con estar tan encerrado en sí mismo que uno se vuelve incapaz de reconocer los regalos de Dios[101].

Por: Andrés Felipe Rojas, CM
Fuente: http://www.corazondepaul.com/

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