Jesús es el pastor suscitado por Dios en esta etapa final.  Responde a las necesidades de los que andan como ovejas sin pastor.  ¿Así de responsables somos?

No son responsables los dirigentes del pueblo.  Los condena, pues, quien los ha designado responsables del pueblo y al cual dan cuenta de su cargo.  Así que se profetiza:  «¡Ay de los pastores que dispersan y dejan perecer las ovejas de mi rebaño».  Luego se promete:  «Suscitaré a David un vástago legítimo:  reinará como rey prudente.  Hará justicia y derecho en la tierra».

Jesús es quien cumple la promesa.  Como su Padre, tiene compasión de los que andan como ovejas sin pastor.  Y se pone a enseñarles con calma.  No lo hace con prisas.  Tiene tiempo y paciencia para los necesitados.

Incluso los deja Jesús estropear su propósito de descanso para sus misioneros.  No, no les basta a él y a ellos con descansar si cansada y agobiada queda la multitud.

Sí, se siente responsable Jesús de los necesitados.  Es por eso que pasa haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo y a los enfermos.  Enseña además en las sinagogas y anuncia la Buena Noticia.  Así, da a conocer Jesús que él es el pastor que busca a los abandonados por los pastores irresponsables.  Procura él la reconciliación de todos.  Él es quien venda a los heridos, fortalece a los débiles y sana a los enfermos.  Alimenta también a los desnutridos, a los que tienen hambre y sed de justicia, para que crezcan y multipliquen.

Los seguidores de Jesús somos responsables de los pobres y responsables ante ellos.

Los seguidores de Cristo nos acreditamos por hacernos responsables como él es responsable.  Enseña claramente que nadie puede ser indiferente a los pobres sin detrimento propio.  Ni menos podemos encerrarnos los cristianos en nuestras estructuras cómodas y seguras mientras está a la puerta el pobre Lázaro.

Ignorar al necesitado, preocupados de nuestro culto puro con todas sus oraciones, es desviarnos del Evangelio.  Y no les molesta a los verdaderos cristianos comer con los pecadores ni acoger a los forasteros.  Los verdaderos cristianos, sintiéndose responsables de los pobres, aprenden también a «dejar a Dios por Dios» (SV.ES IX:297).

Pero son sensibles además los verdaderos cristianos a las necesidades más profundas de los pobres.  Por eso, no se conforman con las soluciones fáciles que sugieren aquellos que quieren volver a la esclavitud solo para satisfacer su hambre y sed (Ex 16, 3; 17, 3).  Los verdaderos discípulos señalan, más bien, hacia la comida y la bebida de vida, salvación y libertad.

Señor Jesús, haz que seamos verdaderamente responsables de los pobres.  Ojalá reconozcamos que tú eres, junto con «nuestros amos y señores» (SV.ES IX:862), la autoridad superior a la que respondemos.

22 Julio 2018
16º Domingo de T.O. (B)
Jer 23, 1-6; Ef 2, 13-18; Mc 6, 30-34


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