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Los jóvenes son el futuro… ¡y el presente! • Una reflexión semanal con Ozanam

por | Jul 16, 2018 | Federico Ozanam, Formación, Javier F. Chento, Reflexiones | 0 comentarios

Si a los jóvenes que llegan les resulta útil encontrar amigos y hermanos, es indispensable para la Sociedad reclutar sus miembros entre los jóvenes. Hace catorce años que existe la Sociedad: no debe ir envejeciendo según envejecen sus fundadores y la caridad se va convirtiendo en una práctica rutinaria. La juventud es útil por su audacia, hasta por sus imprudencias, por las ideas nuevas que aporta, por las obras en que no se había pensado.

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Federico Ozanam, Extracto de las actas de las reuniones generales, 1 de febrero de 1836 a 19 de marzo de 1848, Archivos S.S.V.P., reg. 103.

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Reflexión:

  1. Un par de reflexiones previas:
    • Federico habla sobre los miembros de la Sociedad de San Vicente de Paúl, pero podemos pensar que habla a cualquier vicenciano, sea del movimiento que sea, venga de donde venga. Su pensamiento será igual de válido.
    • Ozanam, aunque manteniéndose siempre en segunda línea, no dejaba por ello de ejercer una influencia considerable en la Sociedad de San Vicente de Paúl. Pudo haber sido el segundo presidente de la Sociedad, después de Bailly, pero no quiso, y así se lo hizo saber a Bailly cuando se enteró de que este le iba a proponer como su sucesor (Cf. Carta de Federico Ozanam a Emmanuel Bailly, del 26 de abril de 1844). No obstante, es indudable el peso que tuvo Federico en la formación y desarrollo de la Sociedad; por ejemplo, fue él quien sugirió la idea del Manual de la Sociedad, el 3 de marzo de 1845, y formó parte de la comisión que lo redactó.
  2. Este breve párrafo nos recuerda tres aspectos que podemos (y debemos) poner en práctica en nuestra Familia Vicenciana de hoy en día:
    • Primero: nuestra Familia, nuestros grupos, han de ser lugares acogedores donde los jóvenes puedan «encontrar amigos y hermanos». En nuestra sociedad de hoy en día es imperioso que los adolescentes y jóvenes puedan encontrar, en nosotros, un espacio donde desarrollarse integralmente, tanto en el aspecto humano como en el cristiano. Pensemos por un momento en nuestra realidad local, la de cada uno de nosotros: ¿se hace esto?
    • Segundo: Las personas envejecemos, y es necesario que nos preocupemos de que otros se hagan cargo de la obra. Este es un problema real en muchas partes del mundo, dentro de la Familia Vicenciana. Preocuparse no es lamentarse, sino, más bien, contagiar el entusiasmo a aquellos cercanos a nosotros. El ejemplo de los primeros miembros de la Sociedad, en este caso, es claro: ¿de dónde provenían los miembros nuevos de la Sociedad de San Vicente de Paúl?: del boca a boca, de la invitación personal, de los entornos familiares y académicos de sus miembros. Nadie dice que sea fácil, y no por ello vamos a dejar de intentarlo.
    • Tercero: La juventud es útil, indispensable diría, «por su audacia, hasta por sus imprudencias». No debemos temer que los jóvenes presenten ideas nuevas, audaces, incluso —desde nuestro parecer más adulto— imprudentes. Ellos nos ofrecen, muchísimas veces, líneas de pensamiento y acción que a nosotros, más entrados en años, nunca se nos ocurrirían. ¡Animemos a nuestros jóvenes a ser los protagonistas, acompañándoles más que imponiendo sus pasos!

Cuestiones para el diálogo:

  1. Nuestros grupos vicencianos han de ser lugares donde los jóvenes puedan «encontrar amigos y hermanos». Pensemos por un momento en nuestra realidad local, la de cada uno de nosotros: ¿se hace esto? ¿Promovemos que los niños, adolescentes y jóvenes tengan la oportunidad de vivir en espacios sanos, donde cultivar amistades verdaderas, donde encontrar a hermanos y hermanas en la Fe, con sus mismas esperanzas y dificultades? Y esto, ¿lo hacemos solo «sobre el papel»? ¿Solo es un deseo? Un ejemplo práctico: ¿promovemos espacios, locales, clubs, donde nuestros jóvenes puedan reunirse habitualmente para charlar, jugar, socializar, encontrarse… y no solo para las reuniones del grupo?
  2. ¿Hacemos revisión periódica en nuestros grupos sobre la renovación y admisión de nuevos miembors jóvenes? ¿Nos preocupamos de que haya grupos de jóvenes vicencianos? ¿Qué acciones concretas realizamos para que los haya? Y, a nivel personal: ¿invito a mis allegados a formar parte de la familia espiritual de san Vicente?
  3. ¿Animamos a los jóvenes vicencianos a ser protagonistas, a ser inventivos, a pasar a primera linea en el servicio y la evangelización de los pobres? E, igual de importante: ¿les permitimos que se equivoquen y aprendan de su experiencia, o somos excesivamente proteccionistas y autoritarios?

Javier F. Chento
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