La mayoría de nosotros conoce la importancia de la ciudad de Châtillon-les-Dombes (ahora Châtillon-sur-Chalaronne) en la vida de Vicente y en el desarrollo del carisma en la Familia Vicenciana. Aquí comenzaron las Cofradías de la Caridad, uno de los antecedentes de la moderna Asociación Internacional de Caridades (AIC), como la colaboración creativa de las mujeres de la parroquia y su párroco.

Châtillon

Mientras deambulamos por la ciudad y visitamos la iglesia, reflexioné sobre los esfuerzos de Vicente para dejar que se hiciera la voluntad de Dios en su vida. Necesitaba alejarse de la familia Gondi, ya que después de sus experiencias en Gannes y Folleville su vida estaba siendo dirigida en otra dirección. Habló con el padre Berulle, su director. Berulle habló con el arzobispo de Lyon y se resolvió el asunto. Vivió en Châtillon-sur-Chalaronne durante varios meses en 1617. Durante su tiempo en la ciudad residió en una casa en la rue Colbert. El estudioso vicenciano P. Jaime Corera, C.M., lo relata así:

[Vicente] Habló con Bérulle del estado de su espíritu y de sus ganas de dar un rumbo nuevo a su vida sacerdotal. Aunque había sido él mismo quien dirigiera a Vicente a la casa de los Gondi, a Bérulle no le pare­ció mal la propuesta de Vicente. Además se encargó él mismo de indicarle un lugar que, a la vez que se encontrara suficientemente lejos de París, pudiera dar satisfacción a las aspiraciones de Vicen­te. Este lugar era la parroquia de Buenens-Chátillon. Si al hablar de este tema en la vida de Vicente se suele mencionar sólo a Chátillon, y así lo haremos también aquí, el hecho se debe a que Vicente puso en Chátillon su residencia desde un primer momento, y porque en Chátillon tuvieron lugar los hechos que narraremos más adelanté. Pero en realidad la iglesia de Chátillon era una iglesia adjunta a la iglesia parroquial principal, la de Buenens.

Tres años antes de la llegada de Vicente el arzobispo de Lyon había pasado visita pastoral a la población de Chátillon, a la que encontró en un estado religioso bastante aceptable, según consta en los libros de visita que aún se conservan. Después de la visi­ta y como resultado de ella el arzobispo tuvo la idea de hacer de Chátillon un lugar de irradiación religiosa católica, una especie de centro misionero para la zona, para lo cual necesitaba un sacerdote de calidad. Acudió para conseguirlo a los oratorianos de Lyon, quienes a su vez acudieron a Bérulle, su fundador. Éste creyó que Vicente de Paúl, un hombre influido por la espirituali­dad del Oratorio aunque no miembro de él, sería el sacerdote adecuado para llevar a cabo el plan del arzobispo.

Ésas fueron, narradas de manera condensada, las circunstan­cias históricas que llevaron a Vicente a Chátillon y ésos fueron los caminos de que se valió la Providencia para que el señor Vicente Depaul, sacerdote de la diócesis de Dax y bachiller en teología, cambiara de rumbo en su vida sacerdotal y comenzara un camino nuevo a los 37 años.

¡Cuantas veces he sentido “incomodidad” en una situación pastoral particular! Recordé el día en que, por primera vez, pensé en responder al llamado de mi Superior General a las misiones internacionales, y luego a mi propia “llamada interna”, ocho años después para regresar a casa. Vicente estuvo un tiempo mucho más corto en Châtillon; regresó a la casa de los De Gondi a fines de ese mismo año, sin saber si volvería a la parroquia. Pero Dios tenía otros planes. A través de la intervención de madame de Gondi, se crearía la Congregación de la Misión y se establecerían cofradías de caridad en cada parroquia renovada. Dios en verdad tenía planes. ¡Todavía lo hace! Dije una oración para que siguiera cooperando, y para que nuestros seminaristas aprendieran del viaje del Padre Vicente.

Aquí hay un enlace al gran artículo de Corera. Es bastante largo, pero es un tesoro. Y a continuación algunas fotos más de Châtillon: la cuna de la caridad organizada.

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