Actuar buscando la igualdad, desde la Fe (2 Cor 8, 13; Mc 5, 25-34)

Si estás buscando un tema de actualidad en las Escrituras, no es necesario ir mucho más allá del de Pablo presentando una petición a los Corintios. Les pide que ayuden a los miembros más pobres de la Iglesia en otra parte del imperio. Lo que es tan actual no es el hecho de su solicitud de dinero, sino la línea de razonamiento que usa como motivo para donar. Y es: que ante Dios todos somos iguales, y que la igualdad se aplica en todos los ámbitos, no solo a las cosas espirituales y los asuntos de adoración, sino que se extiende a lo que poseemos. En sus palabras, “vuestra abundancia remedia su carencia, para que la abundancia de ellos remedie vuestra carencia; así habrá igualdad“. Aquellos que poseen mucho tienen una obligación, en Cristo, de compartir con aquellos que tienen poco.

Está poniendo su dedo en el núcleo de la cuestión actual del reparto desigual de la riqueza en la sociedad, la disparidad cada vez mayor entre los que tienen y los que no tienen. En lugar de avanzar en la dirección de una distribución más equitativa de los bienes de este mundo, las fuerzas en el trabajo están inclinando cada vez más las cosas hacia todo lo contrario. Y así, por ejemplo, el 5 por ciento de los que más ganan ahora se llevan a casa más de la mitad de todos los ingresos de EE.UU., y esto es un récord. Un CEO estadounidense ahora gana más del trescientos por ciento más que el trabajador promedio, y también aquí se establece un récord. Es un problema que cada vez más personas señalan como un punto de ebullición potencial en la sociedad occidental. Y es una situación que muchos creyentes además de san Pablo querrían abordar de frente, incluidos san Vicente y el papa Francisco.

No se puede negar que el problema es complejo y que las soluciones simples son muy elusivas. Pero tampoco se puede negar que el Evangelio y toda la tradición vicenciana nos están llamando a buscar formas de abordarlo. En las palabras del papa, “la abundancia de bienes que algunos tienen debe avanzar hacia la corrección de los desequilibrios entre su prosperidad y los que no tienen”.

Por un lado, la generosidad de toda la Familia Vicenciana ha sido una respuesta constante a este principio que Pablo establece: compartir nuestra abundancia e —incluso a veces— de lo necesario. Pero, debido a que el problema se revuelve con tal complejidad a través de todos los sectores de nuestra sociedad, va más allá de la caridad local, hacia el ámbito mucho más intrincado de cómo los sistemas mundiales completos se confabulan para lograrlo. ¿No es eso exactamente lo que trae a la mesa el enfoque de cambio sistémico fomentado en nuestros trabajos?

Si bien las estrategias concretas no se pueden presentar en un texto corto como este, lo que se puede plantear es la mentalidad de fe. Y con eso me refiero a la mentalidad para salir y hacer cosas que reducen la brecha de la desigualdad, para hacer estas acciones con la fe y la confianza de que el Señor se encuentra con nosotros en ellas y mantendrá y potenciará nuestras iniciativas.

Esta es la mentalidad que nos encontramos en esa mujer sufriente en el evangelio de Marcos, que se acercó a Jesús entre la multitud. Hubo otros que pululaban por ahí que tenían necesidades y curiosidad sobre este predicador arrestante, pero fue ella quien actuó. Ella dio un paso concreto (tocó el borde de la capa de Jesús) pero lo hizo con fe y confiando en que él podría responderle.

Y ese es el modo de pensar, el que nos dice que no podemos sentarnos, sino hacer algo, y hacerlo creyendo que el Espíritu del Señor Jesús estará presente guiando esa acción para lograr ese sistema más equilibrado, donde más hijos de Dios sean tratados con igualdad. Ese es el patrón. Alcanzando, como la mujer con hemorragia en alguna acción u otra, pero haciéndolo con la fe y la dependencia de que habrá más en esa acción de lo que ponemos en ella: “más” es el propio Espíritu de Dios.

¿No es la mentalidad de Vicente acorde con la de Pablo cuando le pide a los corintios que compartan con los necesitados de su abundancia? Tanto Pablo como Vicente toman medidas concretas para ver que la riqueza se distribuye más equitativamente entre los creyentes. Pero, al igual que con la mujer en Marcos, lo hacen basándose en su convicción subyacente de que este es el camino en el Reino de Dios y que el Espíritu del Señor los acompañará a lo largo de todo el camino.

Pin It on Pinterest

Share This