¡La pregunta que construyó una ciudad!

Cuando llegó, se sorprendió al ver los vertederos de basura de las colinas de la ciudad, y se dirigió hacia allí para encontrar a miles de personas, adultos y jóvenes, buscando en ellos alimento, como animales salvajes. Encontró niños durmiendo en aquel sitio, con cajas de cartón como colchones y moscas como mantas. Encontró personas que murieron en medio de la basura, sin nadie allí para darles un entierro adecuado.

¡Angustioso! ¿Por dónde comenzarías tú? ¿Por dónde comenzó él?

El P. Pedro Opeka, CM les hizo una pregunta: “¿Aman a sus hijos?”. Cuando recibió una respuesta afirmativa, dijo: “Trabajemos juntos, bríndeles un futuro”.

Akamasoa nació ese día. Menos de 30 años más tarde, prácticamente han construido una ciudad completa, dividida en 18 vecindarios que brindan casas dignas de ladrillo a unas 23.000 personas, conectadas por caminos pavimentados. Hay 3.000 albañiles en el proyecto, y nunca falta el trabajo.

El trasfondo del hombre y la pregunta

“El Albañil de Dios”, “Madre Teresa con pantalones”, “el Soldado de Dios”, “el apóstol de la basura” y “el insurgente de Madagascar” no son sino algunos de los apodos que se le dieron al Padre Pedro Opeka. Nominado varias veces para el Premio Nobel de la Paz, también ha recibido la Legión de Honor de Francia y varios premios papales.

Nacido en Argentina en 1948 de padres eslovenos que huyeron de Europa después de la Segunda Guerra Mundial, Opeka es un sacerdote misionero que ha servido en Madagascar, el noveno país más pobre del mundo, durante casi 50 años.

Estuvo en Roma recientemente porque tres países, Argentina, Eslovenia y Mónaco, organizaban una cena para recaudar fondos para su fundación. Fue recibido dos veces por el Papa Francisco.

Pero aquella noche, al comienzo, después de ver el contenedor al aire libre, se arrodilló en su cama y, con los brazos hacia el cielo, dijo: “Señor, ayúdame a ayudar a estos niños”.

Al día siguiente regresó y los lugareños le preguntaron: “Oye, hombre blanco, ¿qué es lo que quieres?” El sesgo de ser una persona “blanca” en un país que todavía recordaba su independencia de los colonizadores blancos fue uno de las muchas olas que tuvo que surfear.

Pero él era, literalmente, un hombre en una misión.

Les dijo a los que lo confrontaban que era un sacerdote misionero y que quería hablar con ellos, pero no “aquí fuera, invitadme a vuestra casa”. Por casa, se refería a una estructura de cartón que medía alrededor de un metro de altura. Tuvo que gatear sobre sus manos y rodillas para entrar, y cuando se sentaron en el suelo, una alfombra de basura, el techo estaba a unos 10 centímetros por encima de su cabeza.

Fue entonces cuando hizo la pregunta que comenzó todo.

Lecciones de Akamasoa para el cambio sistémico

El nombre Akamasoa en sí contiene muchas lecciones. “Akamasoa” significa “buenos amigos” en malgache.

Piénsalo.

Amigos: gente que conoces, amas y respetas. Él mostró su amor y respeto por la gente.
Buenos: no solo el buen tiempo, personas que trabajarán juntas.

¡El cambio sistémico no es complicado! Se trata de buenos amigos escuchándose unos a otros.

Como misionero vicenciano en Madagascar, lo dice con sencillez: “vivir en Akamasoa es, antes todo, acción, no palabras. Aquellos de nosotros, que nunca ocultamos la verdad, buscamos ser claros cuando enfrentamos problemas. No los ignoramos. Los enfrentamos. Eso es sinceridad”.

Pausa para reflexionar

  • ¿Cómo puedo manifestar amistad genuina a aquellos a quienes sirvo?
  • ¿Me tomo el tiempo necesario para escuchar sus esperanzas?
  • ¿Estoy dispuesto a hacer lo que sea necesario para ayudarlos a cumplir sus esperanzas?

Fuentes:


Tags:

Pin It on Pinterest

Share This