Usted nos ha acostumbrado a mirarle como el punto de reunión, el consejero y el amigo de los jóvenes cristianos; sus bondades pasadas nos han dado el derecho de contar con sus bondades futuras; las que usted ha tenido conmigo me hacen esperar otras semejantes para mis amigos.

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Federico Ozanam, Carta a Emmanuel Bailly, del 3 de noviembre de 1834.

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Reflexión:

  1. La Sociedad de San Vicente de Paúl celebró, a lo largo de 2017, un año dedicado a la figura de Emmanuel Bailly, primer presidente de la Sociedad. Emmanuel fundó, en tiempo de la Restauración, la Société des Bonnes Études (donde se encontraban jóvenes que se preocupaban por asociar su formación religiosa con sus trabajos de estudiantes), de la que se originó, a partir de 1830, la Conferencia de historia (a la que perteneció Ozanam).
  2. En buena parte, fue gracias a la generosidad y el apoyo de Emmanuel que la Conferencia de Caridad, gérmen de la Sociedad de San Vicente de Paúl, pudiese instituirse. Bailly, que era unos 20 años mayor que el resto de los miembros de la primera conferencia, apoyó la iniciativa de los jóvenes, y les ofreció sus instalaciones para reunirse.
  3. Casi sin duda, fue Bailly el que imprimió en la SSVP el carácter vicenciano: tanto él como su familia tenían una larga historia de colaboración con los lazaristas (como se conoce en Francia a la Congregación de la Misión). El padre de Emmanuel custodió, durante la gran Revolución, los escritos de San Vicente. Sus reliquias fueron guardadas por la señora Bailly de 1831 a 1834. Joseph Bailly, hermano de Emmanuel, fue miembro de la Congregación de la Misión.
  4. El señor Bailly nos recuerda, entre otras muchas cosas, cuán importante es acompañar a los jóvenes en su camino de fe; nos enseña a apoyarles en sus iniciativas.

Cuestiones para el diálogo:

  1. ¿Qué lugar tienen los jóvenes en nuestras ramas vicencianas? ¿Se les da voz? ¿Respetamos sus iniciativas?
  2. ¿Qué importancia tiene el acompañamiento en nuestros grupos?
  3. Si soy joven: ¿me dejo acompañar por los adultos en mi camino de fe y de caridad? Y, si soy adulto: ¿me preocupo de acompañar, o hacer que los jóvenes sean acompañados?

Javier F. Chento
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