Sobre la Exhortación Apostólica Gaudete et Exsultate del Papa Francisco

Dos amigos están comiendo un gran bistec.

Uno le confiesa al otro:

–Yo soy cristiano, pero no practicante.

El otro, masticando con gusto su bistec le dice:

–Yo soy vegetariano, pero no practicante.

–Pero ¿cómo? ¡Eso no es ser vegetariano!

–Tampoco lo tuyo es ser cristiano.

Este chiste nos cuenta una gran verdad. Y sobre esa verdad nos habla el Papa Francisco en su más reciente documento, publicado el 19 de Marzo de este año, y que es una invitación a la santidad. El bello documento se titula “Gaudete et Exsultate”, es decir “Alégrense y regocíjense”, citando las palabras que Jesús dirige a quienes son perseguidos por su causa (Mt 5, 12).

La santidad es una palabra que no nos gusta mucho hoy. Nos parece como algo antiguo; hoy los cristianos preferimos hablar de compromiso, carisma, testimonio… pero no de santidad como una opción para nosotros.

Y es que la santidad se nos ha presentado siempre como algo muy alto, inalcanzable, propio de héroes y no de gente común como nosotros, de jóvenes estudiantes, amas de casa, campesinos o empleados de una tienda.

¡Nada más lejos de la verdad! nos dice el Papa.

Para ser santos no es necesario ser obispos, sacerdotes o religiosos… Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra… ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús.

¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales. (14)

Además de inalcanzable, la santidad se nos puede figurar como algo aburrido, una vida triste, mutilada, sin gozo. Pues no, nos dice el Papa, más bien se trata de lo contrario:

El Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados. Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada. (1)

La santidad, entonces, nos lleva a la verdadera felicidad, a una vida vivida con profundidad, con densidad y no mediocre y aguada.

El Papa no dice que sea un camino fácil, pero tampoco es imposible.

¿Quieres conocer la clave? El Papa nos la ofrece: La santidad no es sino la caridad plenamente vivida. (21) Y la caridad vivida en lo cotidiano, hecha de pequeños gestos sostenidos, paso a paso, día a día:

Por ejemplo: una señora va al mercado a hacer las compras, encuentra a una vecina y comienza a hablar, y vienen las críticas. Pero esta mujer dice en su interior: «No, no hablaré mal de nadie». Este es un paso en la santidad. Luego, en casa, su hijo le pide conversar, y aunque esté cansada se sienta a su lado y escucha con paciencia y afecto. Esa es otra ofrenda que santifica. Luego vive un momento de angustia, pero recuerda el amor de la Virgen María, toma el rosario y reza con fe. Ese es otro camino de santidad. Luego va por la calle, encuentra a un pobre y se detiene a conversar con él con cariño. Ese es otro paso. (16)

¿No te parece hermoso? ¡La santidad como camino que se puede recorrer! Los gestos de santidad son innumerables y los puedes ver “en la puerta de al lado”, no sólo en los libros o en las películas:

Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia. (7)

El cristianismo es principalmente para ser practicado, nos dice el Papa. (109) No puedes ser vegetariano si comes ricas chuletas, tampoco cristiano si no buscas un camino de santidad.

Ojalá pudieras leer el documento y te entusiasmaras a recorrer el camino propuesto por nuestro querido Francisco. Que todos busquemos ser santos; hombres y mujeres enraizados en Dios, pacientes y tolerantes, alegres y con sentido del humor, audaces, profundos, generosos, piadosos.

No es cosa del otro mundo.

Autor: P. Silviano Calderón c.m.
Fuente: “Evangelio y Vida”, comentarios a los evangelios. México.

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