Dios no hizo a los pobres. […] Es la libertad humana la que crea pobres. […] Se han creado impuestos abrumadores a la sal, la carne, a todo lo necesario para subsistir. […] Cuando se trataba de aplastar los últimos rescoldos de la insurrección, no había necesidad de demoras y trámites para enviar veinte equipos a los bulevares de París, incluso hasta las mismas puertas del Hôtel de Ville [el ayuntamiento de París]; y henos aquí: mientras tan solo en el distrito XII hay 4.000 niños sin refugio, seguimos disputando, en medio de aplazamientos, argumentos y debates, luchando para superar no sé qué escrúpulos de comités, juntas, administraciones, etc., aterrorizados de que el Estado se vea arruinado y derrocado si la educación de los jóvenes trabajadores se confía a maestros capaces de enseñar algo más que cómo deletrear las sílabas de los periódicos y de garabatear el “orden diario de trabajo” en las paredes de los barracones, con un trozo de carbón.

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Federico Ozanam, en “Las causas de la miseria”, artículo aparecido en l’Ere Nouvelle en octubre de 1848.

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Reflexión:

  1. El párrafo comienza con una frase rotunda: Dios no hizo a los pobres. No hay matices. Federico está convencido de que nuestro Dios no desea que haya personas que sufran la pobreza, la desigualdad y la injusticia.
  2. La segunda frase no es menos contundente: Es la libertad humana la que crea pobres. Somos los hombres los que, llevados por nuestra codicia y ansias de poder y riqueza, hemos aplastado a una buena parte de la Humanidad bajo el yugo del hambre, la pobreza y la muerte.
  3. Denuncia Ozanam la rapidez con la que los poderosos actúan ante la más mínima protesta del pueblo y, por el contrario, la atención a los que viven en situación de pobreza se demora en el tiempo bajo el peso de la burocracia y los escrúpulos, para finalmente no hacer nada. Estremece el dato de los 4.000 niños sin hogar del distrito XII de París, donde vivían, a mediados del siglo XIX, unas 80.000 personas.
  4. En otro lugar de este mismo artículo, Ozanam denuncia también los elevados impuestos a los productos de consumo más básicos («a la sal, la carne, a todo lo necesario para subsistir…») mientras que a otros productos, como las bebidas alcohólicas («que generan más criminales que toda las injusticias de los hombres combinadas») eran tratados con mucha laxitud por parte de las autoridades.
  5. Federico se preocupa enormemente por los derechos de los trabajadores —en general, de los necesitados y los que sufren situaciones injustas— y por sus condiciones de vida. Entendemos así su denuncia de que los que ostentan el poder se vean amenazados por una posible mejora de la formación y de las condiciones de los obreros, en muchísimos casos personas sin la más básica educación, apenas capaces de leer con esfuerzo el periódico.

Cuestiones para el diálogo:

  1. ¿Estamos tan convencidos como Ozanam de que nuestro Dios detesta la pobreza generada por el egoísmo de los hombres?
  2. Federico actuó contra las pobrezas (desde la Sociedad de San Vicente de Paúl) y también denunció la injusticia. La acción combinada con la denuncia. ¿Sabemos nosotros, vicencianos del siglo XXI, además de trabajar por un cambio estructural y sistémico, denunciar en los foros públicos las situaciones de injusticia que nos rodean?
  3. Pocos meses después de que Ozanam escribiera el artículo anterior en l’Ere Nouvelle, un contemporáneo de Ozanam, el que fuera cardenal John Henry Newman, escribió: «El dinero es el ídolo de nuestro tiempo. A él rinde homenaje instintivo la multitud, la masa de los hombres. Estos miden la dicha según la fortuna, y, según la fortuna también, miden la honorabilidad […] Todo esto se debe a la convicción […] de que con la riqueza se puede todo. La riqueza, por tanto, es uno de los ídolos de nuestros días, y la notoriedad es otro […] La notoriedad, el hecho de ser reconocido y de hacer ruido en el mundo (lo que podría llamarse una fama de prensa), ha llegado a ser considerada como un bien en sí mismo, un bien soberano, un objeto de verdadera veneración» (John Henry Newman, Discursos dirigidos a congregaciones mixtas, discurso 5, publicado en 1849). ¿Que pensamientos nos provoca este texto? ¿En qué sentido está relacionado con el texto anterior de Ozanam? ¿Sigue siendo válido hoy en día?
  4. ¿Qué podemos hacer nosotros para no solo mejorar la situación de los pobres, sino también denunciarla ante la sociedad y provocar un cambio de estructuras?

Javier F. Chento
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