Esquema

Cristo Señor unió a sí a unos discípulos elegidos (cf. Mc 3,14; Lc 6,13) que lo siguieron desde el principio (cf. Lc 1,2; Hch 1,21s), vieron sus obras y oyeron sus palabras, y de esta manera fueron capaces de ser testigos de su vida y doctrina (cf. Lc 24,48; Jn 15,27; Hch 1,8; 10,39; 13,31).

Perspectiva vicentina del seguimiento de Jesús

1. Sencillez

San Vicente dijo, “es la virtud que más amo” tanto que “yo la llamo mi evangelio”. “Tengo devoción especial y consuelo en decir las cosas como son”. Hay situaciones que exigen vivir verdaderamente la sencillez: cuando los amigos se sientan y hablan, incluso sobre temas difíciles. La sencillez debe estar también presente en los que quieren comprometerse en el seguimiento de Jesucristo en la Familia Vicenciana.

2. Humildad

San Vicente la llama “la virtud característica de la misión. Oh santa virtud, qué hermosa eres. Oh pequeña Compañía, qué amable serás si el Señor te concede esta gracia”. La humildad es la virtud que nos capacita para reconocer y admitir nuestras debilidades y limitaciones, creando así la posibilidad de confiar más en Dios y menos en nosotros mismos. Es la virtud que permite a los pobres acercarse a nosotros.

3. Mansedumbre

La mansedumbre es la virtud vocacional, como dice el mismo San Vicente, “un estilo amable gana los corazones y les atrae”. Y de nuevo, “Si no se puede ganar a un hombre por la amabilidad y la paciencia, será difícil conseguirlo de otra manera”. La mansedumbre no es agresiva, airada, ruidosa. Un tema relacionado con la mansedumbre es el de la hospitalidad.

4. Mortificación

Es la virtud que nos pide entregarnos totalmente, pensar primero en los otros, pensar primero especialmente en los pobres, antes que en nosotros mismos.

Como dice San Vicente, “los santos son santos porque siguen las huellas de Jesucristo, renuncian a sí mismos, y se mortifican en todas las cosas”. Y como dice también, “la oración y la mortificación son dos hermanas tan íntimamente unidas que la una nunca se encuentra sin la otra”.

5. Celo apostólico o atención a los pobres

Celo por las almas (o pasión por la humanidad). San Vicente dice que “si el amor de Dios es el fuego, el celo es la llama”. Es la consecuencia de un corazón verdaderamente compasivo. Se trata de la pasión por Cristo, pasión por la humanidad, y pasión especialmente por el pobre. El celo es una virtud verdaderamente misionera. Se expresa en la disponibilidad. Relacionado con el celo está el entusiasmo.

Algunas cuestiones para la reflexión personal y de grupo

“Se ha reconocido ante todo que en una Sociedad que aumenta, y cuyo fin principal es trabajar por el renacimiento de la fe y de la caridad entre los hombres, en la que se deben encontrar toda variedad de edades, de costumbres y de opiniones humanas, la presidencia necesita muchas cualidades, un mérito especial, y un hombre difícil de encontrar si Dios no lo señala. Debe tener una gran piedad, para servir de ejemplo y una condescendencia tal vez aún mayor, para no asustar por unas virtudes demasiado rígidas; que tenga el hábito de la abnegación, el espíritu de fraternidad, experiencia de buenas obras; que una al celo que crea, la prudencia que conserva; que sepa mantener a la Sociedad en los caminos de la sencillez y de la sabia libertad por los que Dios la ha conducido hasta aquí, y de no desanimar sin embargo los esfuerzos bien inspirados que puedan surgir. Es necesario, en fin, que por su carácter atraiga la confianza y el respeto, al mismo tiempo que por su dulce familiaridad sepa hacerse amigo de los miembros más jóvenes de esta numerosa familia de la que es el lazo de unión. […]

Solo a Dios corresponde escoger los instrumentos del poco de bien que nos ayuda a hacer, bendecir a aquel de quien se ha servido hasta el presente, designar de quien quiere servirse de aquí en adelante, y ayudarle a encontrar más fácil su misión, por nuestro celo, por nuestros hábitos de sencillez cristiana, por nuestra unión calurosa y perseverante”.

F. Ozanam “A la Sociedad de San Vicente de Paúl, del 11 de junio de 1841.

Acercamiento al texto

Deja Ozanam bien claro cuál es la Misión de la Sociedad: “El fin principal de la Sociedad es trabajar por el renacimiento de la fe y de la caridad entre los hombres”. No eran tiempos precisamente favorables para llevarlo a cabo.

Dicha Sociedad, como reflejo de la propia realidad, “es un Sociedad en la que se deben encontrar toda variedad de edades, costumbres y opiniones humanas”. Por tanto, es una Sociedad compleja y diversa en todos los sentidos.

Admitiendo lo anterior, adquiere la figura de su presidente una singular importancia que se manifiesta con suma claridad en el texto presente. Una presidencia para la que se solicitan una serie de requisitos que reflejan el fondo de cada uno de sus socios: “La presidencia necesita de muchas cualidades: piedad, condescendencia, abnegación, fraternidad, experiencia de buenas obras, celo, prudencia”.

Señala, por último, el cómo debe llevar a cabo su misión la Sociedad, señalando las virtudes clave por la que debe reconocérsele: la sencillez, la sabia libertad, el celo y la perseverancia.

Conversión y compromiso

¿Es reconocible hoy día la Sociedad por las virtudes que señala Federico Ozanam?… ¿Viven diluidas en el hacer de cada día?… ¿Preocupa en nuestra formación la reflexión acerca de las virtudes vicencianas?

¿En nuestra experiencia de “amigos de Jesús” ocupa un lugar fundamental la práctica de estas virtudes?… Al igual que el pan nuestro es “de cada día” ¿es “de cada día” la evaluación de alguna de las virtudes?…

¿Tengo una fórmula de mejora en cada de una de las virtudes o lo dejo al azar?… ¿Me planteo mejorar anualmente en cada una de ellas?…

Autor: Mitxel Olabuénaga, CM
Fuente: http://ssvp.es/

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