En cierta ocasión, una persona fue a ver a un maestro muy sabio y santo y le preguntó: “¿Qué debo hacer para obtener la salvación?” Para su sorpresa, el hombre santo le preguntó: “¿Qué haces para que salga el sol?”. En otras palabras, el hombre santo le quiso decir que, al igual que la salida del sol no depende de ninguna de nuestras acciones, así también pasa con nuestra salvación: es acción de Dios.

En palabras de San Pablo, todos somos salvos por la gracia de Dios: ya que todos pecaron y se apartaron de la gloria de Dios; ahora están justificados por su gracia por puro don, por la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios presentó como sacrificio de expiación, efectivo por medio de la fe (Rom 3, 23-25). Porque por gracia has sido salvado por la fe, y esto no es obra tuya; es el don de Dios (Ef 2, 8).

El YOUCAT (Catecismo Juvenil de la Iglesia Católica) describe la gracia con las siguientes palabras: Llamamos gracia al acercamiento gratuito y amoroso de Dios a nosotros, a su bondad que nos ayuda, a la fuerza para la vida que procede de él. Por la Cruz y la Resurrección Dios se acerca completamente a nosotros y nos hace participar de su vida mediante la gracia. Gracia es todo lo que Dios nos otorga sin que lo merezcamos lo más mínimo (YOUCAT nº 338).

Somos salvos por la gracia de Dios. Es el trabajo de Dios. Pero solo puede realizarse a través de nuestro consentimiento y cooperación libres, que es nuestra fe. San Agustín escribió: “El Dios que te creó sin tu consentimiento no puede salvarte sin tu consentimiento”. San Francisco de Sales escribió: “Mi pasado ya no me concierne. Pertenece a la misericordia divina. Mi futuro aún no me concierne. Pertenece a la divina providencia. Lo que me preocupa y lo que me desafía hoy es lo que pertenece a la gracia de Dios y mi respuesta a él”. Nuestra tarea durante toda la vida es cooperar con la gracia de Dios y ser lo que la gracia de Dios quiere que seamos.

Sobre el autor:

fr-binoyEl P. Binoy Puthusery, C.M., es un sacerdote paúl perteneciente a la Provincia de India meridional. Fue ordenado sacerdote el 27 de diciembre de 2008 y poco después sirvió como coadjutor en Tanzania. En 2011, después de dos años de ministerio, fue nombrado Director Espiritual de las Hermanas Vicentinas de la Misericordia, en Mbinga, Tanzania, en donde sigue en la actualidad.

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