[Las conferencias] florecen en Livorno y en Pisa, comienzan a prosperar en Florencia, en Pontadera, se establecen en Prato, y bien pronto en Volterra y en Porto Ferraio. Muy pronto habrá siete familias de San Vicente de Paúl en este país toscano en el que la vida católica languidecía como ahogada por las cadenas doradas del josefismo. Pero lo que más importa, y lo que más me emociona, es que el primer espíritu de nuestra Sociedad se comunica de manera maravillosa a los nuevos miembros. He encontrado entre ellos la sencillez, la cordialidad de nuestros comienzos.

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Federico Ozanam, Carta a François Lallier, del 8 de marzo de 1853.

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Reflexión:

  1. A finales del siglo XVII surgió el josefismo, cuyo principal autor fue el Emperador José II de Austria (1780-1790). Con él se quería subordinar la Iglesia al Estado en todos sus aspectos externos. El canciller Kaunitz, uno de los protagonistas de los hechos, dijo que «le importa mucho al Príncipe que el Dogma permanezca conforme al Evangelio, y que tanto la disciplina del clero como el culto se ajusten a las necesidades del bien público, no menos que el determinar con libre criterio a quién, sea éste quien fuese, pueden confiarse cosas de tanta trascendencia». Federico se refiere así a la situación de la vida de la Iglesia en la Toscana, no tanto por la sujección al estado como por la pasividad en la que vivía.
  2. Federico tuvo la oportunidad de conocer de primera mano, ya muy cerca de su muerte, cómo las conferencias de la Sociedad de San Vicente de Paúl florecían en Italia; incluso se involucró personalmente en la promoción y creación de alguna de ellas.
  3. El ver crecer la Sociedad sin duda le emocionaba, máxime cuando recordaba aquellos humildes orígenes en París. Pero, como él mismo dice, lo que más le emocionaba era ver que el espíritu originario se conservaba intacto a través de los años y después de haber crecido hasta incluir a miles de miembros. “Sencillez y cordialidad” que están entre las virtudes estimadas por Ozanam y por los vicencianos, pues nos invitan a vivir nuestra vida cristiana siguiendo las virtudes que heredamos del mismo san Vicente, y a hacerlo viviendo en comunidad, como buenos hermanos.

Cuestiones para el diálogo:

  1. ¿Vivimos con cordialidad, como buenos hermanos, nuestras relaciones en el grupo/comunidad/conferencia a la que pertenecemos?
  2. ¿Son estas “notas características” de nuestro ministerio?
  3. ¿Vivimos con ilusión, con emoción, el llamado que recibimos de seguir a Jesucristo evangelizador del pobre, en los pasos de san Vicente de Paúl, santa Luisa de Marillac y tantos otros vicencianos insignes que nos precedieron?

Javier F. Chento
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