Ez 18, 21-28; sal 129, 1-8; Mt 5, 20-26.

“Si su justicia no es mayor que la de los escribas…”

Los escribas y fariseos eran, en general, buenas personas. Amaban la Ley y querían guardarla. Pero, según su mentalidad, la Ley hablaba de hechos externos. “No matarás…”. Además, creían que eran sus cumplimientos los que les compraban el cielo. Pero la persona humana no se realiza sólo con actos exteriores. Tiene todo un mundo interior. No basta tener acicalada la fachada exterior, antes está la limpieza interior. No eres sólo lo que haces; eres lo que piensas, deseas y sientes. Por eso Jesús nos dice que no basta con no matar, que, antes, están los sentimientos que llevan a matar, como la cólera, los prejuicios, el rencor…

Los hechos externos son la concreción y la encarnación de nuestro mundo interior. Por eso “si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los cielos”. Si falta el amor, todo se queda en fachadas. Si nuestro mundo interior está impregnado de gracia, también lo estarán las obras que lo encarnan. Y la salvación nos la regala Jesucristo, si le abrimos el corazón y la acogemos. De su amor proviene el amor que vivamos y demos.

Fuente: “Evangelio y Vida”, comentarios a los evangelios. México.
Autor: Honorio López Alfonso, cm

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