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«No hay tú sin mí, ni yo sin ti» • Una reflexión semanal con Ozanam

por | Ene 29, 2018 | Federico Ozanam, Formación, Javier F. Chento, Reflexiones | 0 comentarios

El Yo me resulta verdaderamente importuno y odioso, esa soledad egoísta no le va a las necesidades de mi carácter; necesito el acompañamiento moral de la familia, el sentimiento del Nosotros. Usted es buena y caritativa al permitirlo, y le tomaré por su palabra. En adelante diremos nosotros; ya no habrá más aislamiento; y ya no se tratará de la mera presencia del recuerdo de uno en el pensamiento del otro; será la fusión completa de dos destinos. La mano que se posa tan dulcemente sobre mi corazón para darle fuerza en el momento peligroso de mis comienzos, se colgará de mi brazo en los momentos difíciles, en los sucesos resbaladizos de la vida, y donde los pasos de uno solo pudieran vacilar, los de los dos se sostendrán mutuamente.

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Federico Ozanam, Carta a Amélie Soulacroix, del 6 de marzo de 1841.

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Reflexión:

  1. Las cartas de noviazgo entre Federico Ozanam y Amélie Soulacroix son fascinantes. Los dos novios, desde que el 24 de noviembre de 1840 se formalizase el compromiso, apenas tuvieron ocasión para tratarse en persona, pues el 14 de diciembre del mismo año Federico tuvo que partir a París —dejando a su prometida en Lyon— para comenzar su trabajo como profesor suplente de Literatura extranjera en la universidad de La Sorbona.
  2. Desde entonces hasta la fecha de la boda, el 23 de junio de 1841, tan sólo en una ocasión Federico pudo volver a Lyon, durante las vacaciones de Semana Santa.
  3. Así pues, los prometidos profundizaron en su relación casi exclusivamente por carta. Recordemos que era la única forma de comunicación a distancia; aún tendrían que pasar décadas hasta que el teléfono se inventase y popularizase (la primera llamada telefónica es del 10 de marzo de 1876).
  4. En esta correspondencia romántica, Federico oculta a Amélie los problemas a los que se enfrenta en París. Sin embargo, se los comenta a Alphonse, su hermano sacerdote, y a su futuro suegro, Jean-Baptiste Soulacroix. Pero Amélie se acaba enterando de sus dificultades laborales y económicas, y le reprocha por carta su poca confianza en ella. Amélie muestra un carácter decidido y fuerte, acostumbrado a tratar con situaciones difíciles y afrontar los problemas con valentía. Así, en una carta dirigida a su prometido, le dice: «Esta vez, no le diré, señor, que su carta me ha encantado. La esperaba muy distinta. No me quejo de lo que había en ella, sino de lo que no había. Es porque sé que tiene problemas, contrariedades, y no me habla de ellos. Pensaba que me los confiaría y usted no dice nada. Actuando así, sin darse cuenta, me engaña. Me hace ver ahora el lado agradable de la vida y me esconde el resto. Es, pues, más tarde cuando me hará conocer lo que también hay de penoso. Me depararía usted muchas decepciones si no hubiera sido educada por unos padres que me acostumbraron desde la edad temprana a compartir todos sus disgustos, a conocer todos sus problemas» (carta de Amélie Soulacroix a Federico Ozanam, 28 de febrero de 1841).
  5. Aunque Amélie comprendía que la intención de Federico era no disgustarla «hablándole de negocios», ella le dijo con claridad: «Hablaré de negocios, de nuestro negocio». Ella nunca pensó que «el dinero trae la felicidad», y prefería «compartirlo todo para que realmente pueda hablar de un nosotros» (citas de la misma carta). Naturalmente, Federico se disculpó y reconoció que una carga compartida era más ligera, en la larga carta del 6 de marzo de la que hemos entresacado el texto anterior.
  6. Rectifica Federico y se compromete a tratar a su futura mujer con respeto y en igualdad, comunicándole todas las noticias, fueran buenas o malas. Quince días antes de su boda, Amélie le recordaría nuevamente que en el momento del compromiso definitivo dirán «no hay tú sin mí, ni yo sin ti» (carta de Amélie Soulacroix a Federico Ozanam, 28 de mayo de 1841).
  7. Amélie influyó mucho en el modo de pensar de Federico. En ella encontró, además de a su gran amor, a una compañera que le apoyaría en toda ocasión. En un tiempo donde la mujer era minusvalorada y dependiente del hombre (su padre primero, su esposo después), descubrimos en su relación de igual a igual la imperiosa necesidad de que la mujer ocupe el puesto que le corresponde al lado del hombre, no detrás, también hoy en día.
  8. Aún queda mucho que andar en este tema, tanto a nivel social como eclesial, pero debemos trabajar porque esta realidad sea plena y completa lo antes posible.

Cuestiones para el diálogo:

  1. El trato a las mujeres en mi entorno, ¿es igual que el que se le da a los hombres? ¿En qué hay que mejorar en este aspecto, a nivel familiar, social, eclesial…?
  2. Si estoy casado: ¿se reparten ecuánimemente las responsabilidades familiares entre el esposo y la esposa? Si no lo estoy: ¿cómo se ha vivido esto en mi familia, entre mis padres, por ejemplo?
  3. ¿Qué puesto ocupa la mujer en nuestros grupos vicencianos? ¿Tienen las mismas responsabilidades que los hombres?

Javier F. Chento
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