1Sam 17, 32-33.37.40-51; Sal 143; Mc 3, 1-6.

“Extendió su mano y quedó sana”

Según los fariseos, la ley impedía curar a los enfermos en sábado, así que, según ellos, más importante era la ley que las personas. ¿Puedes tu creer esto? Y en contra de la ley, Jesús dice al hombre que tenía la mano seca: “Levántate y ponte ahí en medio.” Y era sábado, escándalo para los observantes de la ley.

La palabra “levántate” es usada para significar “resucitar”; mejor dicho, el discapacitado debe “resucitar”, levantarse, ponerse en medio y ocupar su lugar en el centro de la comunidad. En otras palabras, los marginados, los excluidos deben ponerse en medio, ser incluidos y acogidos, estar junto con todos los demás.

Esta es una doble enseñanza para nosotros hoy. Primero, la ley es para la persona, no la persona al servicio de la ley. Nosotros estamos movidos por una ley interior, la ley del Espíritu Santo que está en nosotros. Una ley inscrita en nuestro corazón que es la ley del amor. Y por eso san Pablo dirá que no tenemos más deuda con nadie que la del amor.

Segundo. Los excluidos, los marginados, los pobres son quienes deben estar en el centro de la Iglesia, de nuestras comunidades y de nuestras personas. Porque ellos son la carne de Cristo.

Nosotros hoy, ¿qué hacemos por ellos? ¿Hemos perdido la sensibilidad ante el dolor y el sufrimiento del hermano?

Fuente: “Evangelio y Vida”, comentarios a los evangelios. México.
Autor: Benjamín Romo Martín, cm

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