1 Sam 9, 1-4.10.17-19; 10,1; Sal 20; Mc 2, 13-17.

“No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”

Después de mirarlo con misericordia, el Señor le dijo a Mateo: «Sígueme». Y Mateo se levantó y lo siguió. Después de la mirada, la palabra. Tras el amor, la misión. Mateo ya no es el mismo; interiormente ha cambiado. El encuentro con Jesús, con su amor misericordioso, lo transformó. Y allá atrás quedó el banco de los impuestos, el dinero, todo quedó atrás. Antes, él esperaba sentado para recaudar, para sacarle a los otros, ahora con Jesús tiene que levantarse para dar, para entregar, para entregarse a los demás. Jesús lo miró y Mateo encontró la alegría en el servicio. La mirada de Jesús genera una actividad misionera, de servicio, de entrega. Su amor cura nuestras miopías y nos estimula a mirar más allá, a no quedarnos en las apariencias o en lo políticamente correcto.

Jesús va delante, nos precede, abre el camino y nos invita a seguirlo. Nos invita a ir lentamente superando nuestras resistencias. Nos desafía día a día con una pregunta: ¿Crees? ¿Crees que es posible que un recaudador se transforme en servidor? ¿Crees que es posible el cambio radical en tu vida? ¿Crees de verdad que Jesús puede cambiarte?

Oración: Señor, Tú transformaste toda la vida de san Mateo, haz también de mí tu discípulo y misionero.

Fuente: “Evangelio y Vida”, comentarios a los evangelios. México.
Autor: Benjamín Romo Martín, cm

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