Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.  Dichosos los que, aceptando su invitación, entran en comunión con él.

Una vez más, proclama Juan Bautista que Jesús es el Cordero de Dios.  Debido a esta segunda proclamación, dos discípulos de Juan se interesan en Jesús y le siguen.  Y logran luego tener comunión con él.

La imagen del cordero remite al cordero que se degüella y se come la noche de la salida de Egipto.  Con la sangre del cordero rocían los hebreos las jambas y el dintel de las puertas de sus casas.  Y la sangre sirve de señal, para que los hebreos se salven de la plaga exterminadora.

La misma imagen se refiere también al Siervo que maltratado se humilla y no abre la boca.  Este siervo queda enmudecido cual cordero llevado al matadero.

Así que se nos da a entender que en Jesús está realmente la salvación.  Representa él la liberación.  Él es el Siervo Sufriente que justifica a muchos porque carga con los crímenes de ellos.  Exponiendo su vida a la muerte y contado entre los pecadores, toma Jesús el pecado de muchos.  E intercede por los pecadores.

Igualmente se nos da a entender qué significa seguir al Cordero y ser admitido en su intimidad.

Luego de oír la invitación:  «Venid y lo veréis», los dos discípulos de Juan van y ven donde vive Jesús.  Y se quedan con él, lo que ocurre a eso de las cuatro de la tarde.  Es la misma hora en que se inmolan, en la primera noche de la Pascua judía, los corderos para la cena pascual.

Se nos sugiere, pues, que el discipulado cristiano lleva a la cruz.  Es participar en el sacrificio de Cristo, nuestra víctima pascual, al cual no le quebran un hueso (Jn 19, 36; Ex 12, 46).  El lugar donde vive Jesús y donde lo conocen íntimamente sus seguidores es la cruz.  Así que el mejor lugar donde podemos estar los cristianos es al pie de la cruz (SV.ES I:206).

Y dichosos los admitidos en la comunión con Cristo, los que son un espíritu con él.  Llegan a conocer una vida nueva de justicia y misericordia, más plena y digna de los hombres.  Se transforman hasta el punto de recibir nombres nuevos.  Y contagian con la palabra que escuchan a cuantos se relacionan con ellos.  Contribuyen así a la transformación de los demás.

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros y danos la paz.

14 Enero 2018
2º Domingo de T.O. (B)
1 Sam 3, 3b-10. 19; 1 Cor 6, 13c-15a. 17-20; Jn 1, 35-42


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