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Trabajar incansablemente por los empobrecidos • Una reflexión semanal con Ozanam

por | Dic 18, 2017 | Federico Ozanam, Formación, Javier F. Chento, Reflexiones | 0 comentarios

Representantes del pueblo,

No digáis que os falta tiempo. Bajo los tiroteos de la insurrección, la Asamblea nacional pedía a la noche las horas que le negaba el día. Se os veía en todas las barricadas, arengando a los facciosos, animando a los defensores del orden, y la historia no olvidará ni a los que entre vosotros perdieron la vida, ni a los que salvaron la vida a sus conciudadanos. ¿Por qué no se os ve donde está el peligro del momento actual? ¿Por qué no arrancaríais vuestras mañanas a los solicitantes que os disputan para visitar también esos barrios desheredados, para subir esas escaleras oscuras, penetrar en esas habitaciones desnudas, ver con vuestros propios ojos lo que sufren vuestros hermanos, enteraros de sus necesidades, dejar a esa pobre gente el recuerdo de una visita que honra y consuela su desgracia, y finalmente volver a bajar penetrados por una emoción que ya no soportará más esperas, que os pondrá fuego en los labios y estremecimiento en la Asamblea, que la forzará, si hace falta, a declararse permanentemente, y a no separarse sin haber vencido la miseria, como en la memorable noche del 24 de junio en que ella venció la revuelta?

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Federico Ozanam, «Aux gens de bien» [A las gentes de bien], en L’Ère Nouvelle, nº 151, del 15 de septiembre de 1848.

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Reflexión:

  1. Seguimos reflexionando con el artículo “Aux gens de bien” [A las gentes de bien], publicado en el periódico L’Ere Nouvelle pocos meses a finales del año 1848. En él, Federico se dirige a varios estamentos sociales (como hemos ya visto a los ricos, a los sacerdotes y a los políticos en este texto y en este otro) para que se esfuercen en solucionar los problemas de los pobres.
  2. Federico acusa a los respresentantes del pueblo, en este texto, de una cierta desidia o desinterés por los problemas de los pobres, de no recorrer los barrios pobres y ver con sus propios ojos «lo que sufren vuestros hermanos, enteraros de sus necesidades». Ozanam está convencido que la visita al pobre transforma el corazón de aquel quien la realiza, de tal manera que cree firmemente que, de hacerlo, volverían «penetrados por una emoción que ya no soportará más esperas, que os pondrá fuego en los labios y estremecimiento en la Asamblea».
  3. También en la actualidad, podemos pensar que, en muchos casos, nuestros políticos viven alejados de la realidad social que vive la inmensa mayoría del pueblo. Me viene a la mente cierta ocasión, hace ya tiempo, cuando se preguntó a varios políticos sobre el precio de un café en una cafetería: ninguno de ellos supo decir cuál era el precio habitual del mismo. Una anécdota, sin duda, pero que refleja de alguna manera lo que es un sentimiento amplio en la ciudadanía: muchas veces, los políticos viven alejados de los problemas y realidades comunes a la sociedad.
  4. En nuestra Familia Vicenciana podemos correr un peligro similar: hablar mucho de los pobres, sin conocerlos. Programar grandes planes para el auxilio de los necesitados, sin haber puesto el pie en sus casas, en sus barrios, sin haber metido (metafóricamente) «el dedo y la mano en sus llagas» (como le dijo Ozanam a su amigo Louis Jamnot). Incluso peor: que nos llamemos seguidores de san Vicente de Paúl sin que esto transforme de manera alguna nuestro modo de vida, nuestra forma de entender la existencia.
  5. Las necesidades de los pobres son muchas: vivirlas desde la experiencia nos llama a una conversión profunda, nos invita a cambiar nuestra mirada y a trabajar incansablemente por ellos, como decía san Vicente, «como quien corre a apagar un fuego».

Cuestiones para el diálogo:

  1. ¿Conocemos la realidad de los pobres que viven a nuestro alrededor? ¿Hemos experimentado su sufrimiento, conocido sus angustias, visitado sus hogares?
  2. Como vicencianos, ¿qué respuesta podemos dar a dolores de nuestros hermanos necesitados que viven en nuestro entorno?
  3. ¿Estamos en los lugares «de conflicto», allí donde se necesita de nuestra palabra y de nuestro esfuerzo para solucionar los problemas?

Javier F. Chento
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