Dedicar todo un año jubilar a algo que apareció hace cuatro siglos y que llamamos Carisma Vicentino, ¿no es hablar de algo antiguo y abstracto?

1 -Repetimos como si nada la palabra CARISMA.

Pero para la comprensión actual ¿Qué significa ese término? Socialmente, se dice que “tener carisma” es tener atractivo, llamar a otros a seguir nuestra manera de ser o actuar. En cambio, cristianamente hablamos de Carisma como don o gracia concedido por Dios a algunas personas para beneficio de la comunidad. Son dos acepciones relacionadas pero distintas en su fondo. Entonces, ¿cuál sería la diferencia entre un deportista o un cantante famoso… y un santo? ¿En qué varía su atractivo? Los primeros nos admiran, y nos dan cierta envidia. Tienen lo que nosotros quisiéramos tener. Normalmente, lo que admiramos de esta gente famosa no son tanto sus cualidades deportivas o artísticas en sí (hay mucho deportista o artista anónimo), sino la aceptación y admiración que esto despierta en las personas. O sea, lo que en verdad adramos no son sus cualidades o su persona, sino la aprobación y subordinación de la gente.

Un santo en cambio, como San Vicente, ¿por qué lo llamamos carismático? No tanto por lo que él es o hace, sino por lo que Dios ha hecho de él y en él. Aquí ya no es decir: “quiero ser como ese famoso para tener su éxito”. Sino, “quiero ser como ese santo/a para ser de Dios como él, y para que Dios viva en mi como vive en él”.

2- Y cuatrocientos años.

¿Cómo algo de hace tanto tiempo es vigente hoy, y más aún, atractivo hoy? Muy sencillo. El Carisma Vicentino no radica en las cualidades humanas de Vicente de Paúl, sino –como se dijo- en la acción de Dios en Vicente de Paúl. Sabemos que Dios no es temporal, Dios no es de un siglo. La divinidad es eternidad, plenitud, vida, gozo. El Espíritu Divino en San Vicente de Paúl es el mismo “ayer, hoy y siempre”, más aún, y eso es lo interesante, nos hace “nuevos, plenos y felices” ayer, hoy y siempre.

Si así lo entendemos, el siguiente paso ya está casi definido. ¿Puede ese Carisma que surgió hace cuatro siglos ser válido y atrayente hoy? El Carisma es el Espíritu, ese Espíritu no solo es eterno, sino que nos hace eternos. Vivir hoy el Carisma de San Vicente de Paúl es vivir un modo de ser conforme a Dios, conforme al Eterno. Lo maravilloso del Carisma de Vicente de Paúl, es que hace cuatrocientos años, hoy y también mañana, siempre, es una manera permanente de vivir como Cristo vivió (evangelizando a los pobres, curando a los enfermos, venciendo el mal…), y por tanto de seguirle en fidelidad y alegría.

En otras palabras, lo que decimos es que la forma como Vicente de Paúl y Luisa de Marillac vivieron su fe –sirviendo y evangelizando a los pobres- no fue solo una manera exitosa entonces, sino que lo sigue siendo válida ahora, ya que el Espíritu que la suscitó es el mismo. Y testimonio de ello son miles de hombres y mujeres que en estos cuatro siglos han hecho propio ese modo “vicenciano” de vivir el Evangelio. Por ello, cuando la Familia Vicenciana celebra la beatificación de 60 de sus mártires, lo que está haciendo es agradecer a Dios la permanencia fiel del Carisma a través del tiempo, y de esa manera renovar su empeño de seguir viviéndolo hoy con fidelidad, creatividad y valentía.

3- Vigencia después de 400 años, y vigencia durante esos 400 años.

Es cierto que el Espíritu ha suscitado en la Iglesia algunos carismas importantes que pasado un tiempo desaparecieron. En cambio, con otros carismas como el nuestro, pareciera que cuanto más tiempo pasa, más fuerte y actual es. El Carisma Vicentino, como sabemos, consiste en definitiva en tener a los más pobres y pequeños como el fin de nuestros sentimientos, trabajos y oraciones. Podríamos decir que la Familia Vicentina está llamada a vivir una diaria Jornada Mundial de los Pobres, y esto significa tener a los Pobres como hermanos, maestros y señores. Para la Familia Vicentina los pobres son el fin de su vocación, y al mismo tiempo el medio de su santificación, o sea, el instrumento divino para su salvación. En este sentido, es evidente la continua vigencia del Carisma Vicentino en todas las épocas de la historia, porque la frase de Jesús “Pobres los tendréis siempre”, desgraciadamente se hace evidente en cada siglo, y no parece aún cambiar. Haciendo una mirada rápida, vemos que de manera distinta según lugares y épocas, pero es una constante la presencia clamorosa de personas desposeidas. Pareciera que Cristo no se cansa de esperarnos en ellas. Ciertamente, la única manera de que este Carisma se terminara es que ya no hubiera pobres. En este sentido debemos rezar para que acabe nuestro carisma, es decir, para que no haya en el mundo personas que vivan en la miseria… pero me temo que no será así todavía. De hecho la Justicia y la Fraternidad son signos del Reino, un reino que aún “gime dolores de parto”.

¿Qué pasó en ese año 1617? La verdad es que solo nació una de las fundaciones de San Vicente, la Asociación Internacional de Caridades. El 1617 para Vicente se convirtió en la culminación de un proceso que llevaba varios años gestándose dentro de su alma. Vicente esta ya, tras mucho tiempo de lucha interior, encontrando el camino que Dios quería para él.

4- ¿Y porque esto de celebrar que han pasado cuatrocientos años? ¿Qué pretendemos con este aniversario?

  1. Ante todo reconocer y agradecer lo que Dios ha hecho en San Vicente, en Santa Luisa, en Santa Catalina, en Juan Gabriel Perboyre, en Federico Ozanam, en Vicente Queralt…
  2. Segundo, estar convencidos que lo que ha hecho en ellos, lo quiere hacer en nosotros. Es decir, que la santidad por medio del servicio a los pobres, es también un camino de santidad para nosotros.
  3. En definitiva, cuando hay un aniversario, lo que se está haciendo es “volver al amor primero”. Lo que nos está llenando de alegría en este año es que estamos volviendo a acercarnos a lo más auténtico y fundamental de nosotros mismos como “vicentinos de corazón”.

5- ¿Qué aprendemos de este Carisma hoy?

Vivir hoy ese Carisma nos enseña mucho a todos. Por ejemplo, aprendemos lo cerca que estamos de las otras generaciones, incluso de muchos que vivieron hace tiempo, y que también soñaron, lucharon y rezaron movidos por estos mismos ideales. Saber que muchos otros se emocionaron durante 400 años por lo mismo que nosotros, nos da como una certeza interior de que este proyecto es posible y merece la pena.

Compartir un Carisma así nos da una perspectiva histórica muy enriquecedora. Frente a la publicidad capitalista que nos ofrece objetos de consumo “conforme a la edad”, y que por tanto nos manipula, haciéndonos creer que ser joven es mejor o peor que ser adulto o anciano… los que vivimos un Carisma de la profundidad cristiana y humana de Vicente de Paúl, nos damos cuenta de que es más importante ese Espíritu que nuestra edad o nuestra procedencia. El Carisma es para todos, en todas partes y en todo tiempo. El Carisma por tanto supera fronteras y distinciones. Porque vivir un Carisma es compartir con otros un modo particular de encarnación del evangelio… al compartir el Evangelio somos y nos sentimos cercanos a los hermanos. El Carisma nos libera de la soledad y nos regala la fraternidad. Una fraternidad no solo basada en ideales humanos, sino en una misma fe y un mismo amor. Si así lo entendemos, cuatrocientos años del Carisma Vicentino, son cuatrocientos años de testimonio fraterno de amor a los pobres. El Carisma nos une y acerca a personas lejanas. Cuatrocientos años del Carisma significa cuatrocientos años de servicio y de comunión, de entrega y de encuentro: cuatrocientos años de ser Familia.

6 – ¿Cuatro siglos del Carisma, mucho tiempo?

Pues en la lógica que estamos exponiendo, cuatrocientos años son bastantes para exponer un testimonio de servicio y fidelidad, un modo específico de seguimiento de Cristo, pero al mismo tiempo, es muy poco.Todos los avances tecnológicos y de comunicación no han conseguido erradicar la situación de pobreza de millones de personas. Por tanto, el 400 aniversario no es más que el inicio, porque el Carisma está apremiado por las nuevas pobrezas de hoy, y el hoy de nuestra vida cristiana se llena de sentido gracias al Carisma. Por eso bien podríamos decir: estamos celebrando los primeros cuatrocientos años del Carisma Vicentino. Esto no es el final de un Carisma, sino todo lo contrario, lo que celebramos es la permanencia del Carisma Vicentino: el pasado generoso, el hoy “permanente y universal” de este Carisma, y el mañana, que gracias al Carisma de San Vicente será mejor para los Pobres.

José Vicente Nácher Tatay, cm
San Pedro Sula, Honduras.
Año 2017, 400 Aniversario del Carisma Vicentino


Tags:

Pin It on Pinterest

Share This