Representantes del pueblo,

Respetamos la grandeza y la dificultad de vuestros deberes. Nosotros no somos de esos que, por la temeridad de sus acusaciones, tienen la desgracia de debilitar el último poder capaz de salvar a la sociedad. Vosotros proseguís, con justa lentitud, vuestra obra, por la que la historia os alabará el haber consumido meses, si habéis trabajado para los siglos. Pero no habréis trabajado para un día, si habéis descuidado esta formidable cuestión de la miseria, que no soporta ningún retraso. No creáis haber hecho bastante, por haber votado subsidios que acaban de agotarse, regulado las horas de trabajo, cuando el trabajo no es aún más que un sueño, y rechazado el descanso del domingo a obreros que os reprochan la ociosidad de sus semanas.

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Federico Ozanam, «Aux gens de bien» [A las gentes de bien], en L’Ère Nouvelle, nº 151, del 15 de septiembre de 1848.

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Reflexión:

  1. Seguimos reflexionando, como en semanas precedentes, con el artículo “Aux gens de bien” [A las gentes de bien] que Federico publicara en el periódico L’Ere Nouvelle pocos meses después de la insurrección de Junio, aquella que Alexis de Tocqueville —pensador, jurista, político e historiador francés del siglo XIX— definió como

“la más grande y la más singular que haya tenido lugar en nuestra historia y tal vez en cualquier otra: la más grande, porque, durante cuatro días, más de cien mil hombres tomaron parte en ella (…); y la más singular, porque los insurgentes combatieron sin grito de guerra (…). Lo que la distinguió, además, (…) fue que no se propuso cambiar la forma de gobierno, sino alterar el orden de la sociedad. No fue, ciertamente, una lucha política (…), sino un combate de clase, una especie de guerra de esclavos (…). No debe verse en ella más que un esfuerzo brutal y ciego, pero poderoso, de los obreros por escapar a las miserias de su condición” (Alexis de Tocqueville, Recuerdos de la Revolución de 1848. Madrid, Ed. Nacional, 1984, pp. 184-185).

  1. Después de una amplia exposición de casos, mostrando la miseria que sufren los obreros y los pobres en París, Ozanam comienza a solicitar a las distintas clases sociales que hagan algo para cambiar tan devastadora realidad. Se dirigió a los ricos, luego a los sacerdotes, y ahora toca el turno a los políticos.
  2. Las primeras palabras de Federico hacia los representantes del pueblo es de respeto y confianza: confía en su capacidad de transformar la realidad social, aunque les recrimina su lentitud. Les recuerda que la historia les reconocerá su trabajo si tienen una mirada amplia y no descuidan la “formidable cuestión de la miseria”.
  3. Como hemos visto ya en múltiples ocasiones, la “cuestión social” y la situación de los obreros en aquellos primeros tiempos de la revolución industrial fueron asuntos que preocuparon intensamente a Federico.
  4. A los políticos les pide que vayan más allá: no solo regular las “horas de trabajo” y el “descanso dominical”, sino también trabajar infatigablemente para que haya trabajo para los obreros con condiciones dignas. Unos cincuenta años después de aparecer “Aux gens de bien”, el papa León XII recogió en la encíclica Rerum Novarum esta preocupación, y condenó la opresión y virtual esclavitud de los numerosísimos pobres por parte de “un puñado de gente muy rica”, exigiendo salarios justos y el derecho a organizar sindicatos.
  5. El desempleo, unido a las condiciones indignas de trabajo, siguen hoy en día siendo problemas endémicos de nuestro mundo, sobre todo en las zonas menos desarrolladas. Sigue habiendo salarios injustos, explotación laboral, limitación de derechos obreros y sindicales, explotación infantil, jornadas interminables de trabajo… Nuevamente, podríamos decir que la realidad ha variado poco, en algunos lugares, respecto a la que vivió Ozanam.
  6. Nuestra misión, como vicencianos, es también actuar sobre las causas de la pobreza, y actuar juntos. En este sentido, deberíamos reflexionar si nuestra presencia en los foros públicos, en los círculos donde estos problemas se dirimen y regulan, es suficiente.

Cuestiones para el diálogo:

  1. ¿Cuido mi “formación política”? ¿Soy crítico ante las injusticias que veo a mi alrededor? ¿Las denuncio?
  2. ¿Qué podríamos hacer, como Familia Vicenciana, para mejorar la calidad de vida de los obreros, allí donde viven situaciones manifiestamente injustas?
  3. ¿Hacemos lo suficiente ahora, en este sentido?

Javier F. Chento
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