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Trabajar por los necesitados, gratis y sin ruido • Una reflexión semanal con Luisa

por | Dic 1, 2017 | Benito Martínez, Formación, Reflexiones | 0 comentarios

“¡Qué dicha si la Compañía, sin que Dios fuera ofendido, no tuviera que ocuparse más que de servir a los pobres desprovistos de todo! Y por eso, la Compañía no debe apartarse jamás del ahorro ni cambiar de manera de vida a fin de que, si la Providencia le da más de lo necesario, las Hermanas vayan a servir a sus expensas a los pobres, espiritual y corporalmente, a la sordina, no importa, con tal de que las almas honren eternamente a los miembros de la Redención de Nuestro Señor” (E 108).

Del informe sobre la Compañía de las Hijas de la Caridad que unos meses antes de morir envió santa Luisa de Marillac a san Vicente de Paúl.

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Reflexión:

  1. Los personajes centrales en el adviento son Juan Bautista y María. El grito del Bautista: “Preparad los caminos del Señor”, es en una invitación a la conversión personal, a cambiar el corazón de piedra por otro de carne. Para María la conversión es entrar en los tiempos mesiánicos que había anunciado el profeta Isaías, es implantar entre los pobres la justicia, el amor y la paz, cambiando las estructuras que dominan esta sociedad a la que san Juan Pablo II llamó sociedad de pecado.
  2. Santa Luisa de Marillac acepta los dos sentidos del Adviento, pero sacando una conclusión: que las Hijas de la Caridad ahorren llevando una vida austera y de esa manera podrán “servir a sus expensas a los pobres, espiritual y corporalmente, a la sordina, no importa”. Maravilloso en esta sociedad de pecado en la que solo vale la productividad, aunque haya que abandonar a los que no producen por viejos, enfermos o no tener cualidades. El adviento nos pide solidaridad con los débiles para que el cordero y el león, el niño y la víbora jueguen juntos y poder decir que los tiempos mesiánicos se han ini­ciado con el nacimiento de Jesús en Belén el día de Navidad.
  3. El adviento es exigente y Juan Bautista lo señala con la forma de vestir y alimentarse en el desierto. Guste o no, es frecuente que Jesús hable de sacrificarse por los más débiles, abandonando una parte de nuestras comodidades: «Los pájaros tienen… Dejar padre y madre… No llevéis…» Y san Vicente y santa Luisa en cartas y conferencias hablan de llevar una vida pobre.
  4. La falta de sacrificio y responsabilidad han conducido a los hombres a una vida light, convirtiéndolos en unas personas huecas, superficiales, huérfanas de espiritua­lidad. Y hay peligro de que las Hijas de la Caridad, que andan por los caminos de los pueblos y las calles de la ciudad, se contagien al entrar en las tiendas o en los grandes establecimientos: comprar por comprar, gastar por gastar, sin necesitarlo. Es lo que llamamos consumismo. Que nunca se diga de nuestras comunidades lo que un siquiatra moderno escribe sobre la sociedad actual: que busca «la abundancia, tener todo lo material y ha reducido al mínimo lo espiritual… Gente repleta de todo, ahíta, llena de cosas, pero sin brúju­la» (Enrique Rojas).

Cuestiones para el diálogo:

  1. ¿Cómo piensas vivir el adviento? ¿harás algo para cambiar tu corazón de piedra en uno de carne? ¿Anunciarás el adviento a familiares, amigos y a las gentes, como lo anunció Juan el Bautista?
  2. ¿Piensas ahorrar en los gastos familiares y personales para dárselo a personas que lo necesiten? ¿Lo hablarás en casa con tu mujer y tus hijos?
  3. En la rama vicenciana a la que perteneces ¿os habéis reunido u os vais a reunir para dialogar sobre estos puntos del adviento?

Benito Martínez, C.M.

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