[Si así son ahora] los males, no de un solo distrito, sino de varios distritos de París; no sólo de París sino de Lyon, de Rouan, y de todas las ciudades manufactureras del Norte, […] ¡imaginaros lo que traerá el invierno, cuando la dureza de la estación suspenda lo poco que queda de las obras de construcción, y arroje a cuarenta mil parados más por las calles de la capital! Por supuesto, no tenemos la costumbre de hacernos eco de las alarmas públicas; pero no podemos olvidar estas palabras de una hermana de la Caridad: “Yo temo mucho a la muerte, decía, pero aun temo más al próximo invierno.” Y nosotros también lo tememos; y, al bajar, por esas escaleras destartaladas, en cada piso en que hemos visto tanto sufrimiento presente, tantos peligros para el porvenir, no hemos podido retener nuestro dolor e hicimos la promesa de avisar a nuestros conciudadanos.

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Federico Ozanam, «Aux gens de bien» [A las gentes de bien], en L’Ère Nouvelle, nº 151, del 15 de septiembre de 1848.

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Reflexión:

  1. Tras la extensa exposición de Federico sobre la situación de los pobres en su artículo “A las gentes de bien”, tal y como hemos estado viendo a lo largo de las últimas semanas, antes de comenzar a interpelar a los distintos estamentos sociales, Ozanam plantea que esta situación, ya muy grave de por sí, empeorará con la llegada del invierno. Entonces se producirán despidos, cuando la producción se paralice por las inclemencias del tiempo.
  2. Al conocer de primera mano los sufrimientos y angustias de los pobres, de los obreros que —a duras penas— logran sobrevivir, ellos y sus familias, con sus exiguos salarios, Federico hace dos reflexiones:
    • Se une al dolor de tantos desamparados, haciendo suyas las palabras de una Hija de la Caridad, que espera horrorizada la situación que traerá el invierno.
    • Pero en Federico este dolor se convierte en denuncia: no se calla. Utiliza los medios que tiene a su alcance (en este caso, el periódico), para denunciar la injusticia y dar voz a los que no la tienen.
  3. El siguiente paso será interpelar a sus conciudadanos, sobre todos a aquellos que tienen en sus manos la capacidad de transformnar la sociedad, para que se pongan manos a la obra y hagan algo. Iremos viendo a partir de la semana que viene.
  4. Hoy en día, la información fluye a nuestro alrededor e impacta en nuestra vida con una rapidez pasmosa. Vivimos en una era de la información: la revolución digital que vivimos desde hace relativamente pocos años ha puesto a nuestro alcance noticias e información de lo que está pasando en todo el mundo, prácticamente de modo instantáneo. Es nuestra obligación usar adecuadamente estos medios para denunciar las injusticias que veamos, tal y como hizo Ozanam: él nos está enseñando que servir a los pobres es, también, abogar por ellos ante los estamentos sociales, dar luz a las injusticias, provocar cambios sistémicos e interpelar a los que tienen el poder de hacerlo para cambiar la situación de los que sufren. También esto es hacer efectivo el evangelio y vivir el carisma vicenciano, hoy en día.

Cuestiones para el diálogo:

  1. ¿Estamos convencidos que debemos ser el altavoz en el que se oiga la denuncia de la situación de los pobres?
  2. ¿Les damos a los pobres el espacio y los medios para que ellos mismos sean los protagonistas de esta denuncia?
  3. ¿Cómo usamos los medios de comunicación para denunciar las injusticias? ¿Forman parte de nuestro itinerario como vicencianos?

Javier F. Chento
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