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La dignidad del pobre • Una reflexión semanal con Ozanam

por | Oct 30, 2017 | Federico Ozanam, Formación, Javier F. Chento, Reflexiones | 0 comentarios

En los desvanes infectos, y en los mismos descansillos en los que están la pereza y el desenfreno, hemos visto las virtudes domésticas más amables, con la delicadeza y la inteligencia que no siempre se encuentran bajo los techos dorados; un pobre tonelero, septuagenario, cansando sus viejos brazos para alimentar al niño que le dejó un hijo muerto en el vigor de la vida; un joven sordomudo de doce años, cuya instrucción ha llegado al punto que empieza a leer, que reza, que conoce a Dios. Nunca olvidaremos un cuarto humilde, pero arreglado con esmero, en el que una buena mujer de Auvernia, vestida con el traje de su tierra, trabajaba con sus cuatro hijas jóvenes, limpias, modestas y que sólo levantaban los ojos de su labor para responder educadamente a las preguntas del forastero. El padre era solo un peón que servía a los albañiles; pero la fe que esta buena gente había conservado de sus montañas iluminaba su vida, como el rayo de sol que se deslizaba a través de su ventana y que iluminaba las imágenes santas pegadas en las paredes.

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Federico Ozanam, «Aux gens de bien» [A las gentes de bien], en L’Ère Nouvelle, nº 151, del 15 de septiembre de 1848.

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Reflexión:

  1. Continuamos esta semana reflexionando con el texto de un artículo completo de Federico Ozanam, titulado «A las gentes de bien», que publicó en el periódico L’Ere Nouvelle en septiembre de 1848. Recordemos que, tan solo un par de meses antes a este escrito, Francia había vivido las conocidas como «Jornadas de Junio» en las que, ante las medidas impopulares tomadas por el recién electo gobierno conservador, los obreros toman las calles del 23 al 26 de junio, siendo dura y rápidamente reprimidos por la autoridad. Estamos en los primeros meses de la conocida como «Segunda República francesa», que duraría poco, apenas cuatro años.
  2. Federico sigue desgranando en el texto de hoy las míseras condiciones de los pobres obreros y trabajadores, desde su propia experiencia personal de trato cercano en el barrio latino de París, donde la Sociedad de San Vicente de Paúl comenzara su labor en 1833 con el auxilio de la Hija de la Caridad sor Rosalía Rendu.
  3. Las gravísimas condiciones que sufren los trabajadores, incapaces de salir de la pobreza —aún trabajando— son para Federico una situación contraria a la dignidad de la persona humana. Pero detrás de cada injusticia encontramos siempre el rostro de personas, con nombres y apellidos, que sufren la precariedad y el abandono. Gran parte de ellos eran inmigrantes, venidos de zonas rurales de Francia, en búsqueda de una vida mejor, desplazados con sus familias para buscar ocupación en las fábricas de la capital. Muchos de ellos pasaron a formar parte de la masa de pobres de París. La inmensa mayoría, como dibuja Federico en su escrito, son personas buenas, honestas, trabajadoras, religiosas.
  4. Podemos hacer un evidente paralelismo con nuestra realidad actual: los movimientos de personas que huyen de zonas devastadas por la guerra y el hambre, hacia zonas más ricas, son parte de nuestra actualidad: millones de desplazados que buscan tan solo una vida digna, y que se encuentran, en la gran mayoría de los casos, con la indiferencia —cuando no con la abierta hostilidad— de aquellos que, en los países más ricos, no desean verse molestados en su propia autocomplacencia.
  5. La Familia Vicenciana reflexiona desde este año 2017 sobre «dar la bienvenida al forastero». Desde hace cuatro siglos, desde san Vicente de Paúl, tenemos impreso en nuestro corazón, mente y manos el convencimiento de que los pobres —»nuestros amos y señores»— y nuestra fe requieren en nosotros una atención amante y valorar al pobre en su bondad propia.
  6. Es nuestra obligación, como seguidores de Vicente, no solo aliviar sus necesidades, sino también poner el foco sobre su situación para que toda la sociedad conozca su realidad, como lo hizo Federico en la suya.

Cuestiones para el diálogo:

  1. ¿Somos los vicencianos «personas acogedoras» al forastero?
  2. ¿Qué estamos haciendo para tratar de mejorar su situación?
  3. ¿Qué estamos haciendo para cambiar las estructuras sociales, por abogar por la dignidad de los empobrecidos?
  4. ¿Qué más podríamos hacer?

Javier F. Chento
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