A los dos lados de un riachuelo infecto se levantan casas de cinco pisos, de las que algunas albergan hasta cincuenta familias. Habitaciones bajas, húmedas, nauseabundas; […] ningún papel, y a menudo ningún mueble, esconde la desnudez de sus tristes paredes. En una casa que conocemos de la calle de Lyonnais, […] en el fondo de una especie de sótano, vivía una familia sin más lecho que un poco de paja sobre el suelo desenlosado, sin más muebles que una cuerda que atravesaba la habitación; esta pobre gente colgaba en ella el pan envuelto en un harapo de tela para ponerlo a salvo de las ratas. En la habitación contigua, una mujer había perdido tres hijos, muertos por la tisis, y mostraba desesperada otros tres destinados al mismo fin. Los pisos superiores no ofrecían un aspecto más consolador. En los altillos, un desván abuhardillado sin ventanas, abierto solamente por dos agujeros que se cerraban, cada uno, con una baldosa, albergaba a un pobre sastre, a su mujer y a sus ocho hijos; por la noche reptaban hasta la paja que les servía de refugio, en el fondo de la habitación, bajo la pendiente del tejado.

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Federico Ozanam, «Aux gens de bien» [A las gentes de bien], en L’Ère Nouvelle, nº 151, del 15 de septiembre de 1848.

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Reflexión:

  1. La calle de Lyonnais (como curiosidad indiquemos que su nombre no tiene relación con los habitantes de Lyon, sino con un antiguo propietario llamado Jean Lyonnet) se encuentra a apenas unos cientos de metros del centro donde sor Rosalía Rendu vivió y ejerció su inmensa labor entre los pobres, en el barrio latino de París. Los miembros de la Sociedad de San Vicente de Paúl —y, en particular, Federico Ozanam—, conocían muy bien el área pues fue allí donde comenzaron a auxiliar a los necesitados, en 1833. Sor Rosalía introdujo a Federico Ozanam y sus compañeros en las viviendas de los pobres, que vivían en los desvanes y en los sótanos, en casas que, construidas a finales de la Edad Media, eran ya muy antiguas en la época de Ozanam.
  2. Los obreros de París se levantaron en junio de 1848 contra las nuevas leyes promulgadas por los conservadores, pero el levantamiento no duró mucho. Las luchas callejeras estallaron en varios distritos y sor Rosalía Rendu, quien era una persona muy conocida y querida entre los pobres y obreros de París, intentó mediar para alcanzar la paz: “Durante un motín, un oficial del ejército regular, que se había quedado solo en una barricada en medio de sus soldados muertos, huyó de la batalla y se refugió en el patio de la casa de caridad. Los amotinados le habían seguido y estaban ya a punto de fusilarle. Sor Rosalía pronunció entonces este hermoso grito de fe: ‘¡Aquí no se mata a nadie!'” (Cf. Henri Desmet, Sœur Rosalie, 50 ans d’apostolat au Quartier Mouffetard, Paris: Pierre Kremer, 1954, capítulo 16).
  3. En este texto Federico nos relata algunas de sus vivencias con los desamparados de aquella zona; es poco habitual el poder leer de primera mano, de la pluma de Ozanam, el relato de cómo vivían los pobres en París en aquellos momentos. Estremecen su palabras describiendo la cruda realidad de los pobres en el área urbana de París, sobreviviendo poco menos que como animales, en condiciones higiénicas deplorables, consumidos por la enfermedad y muriendo por causa del abandono de la sociedad.
  4. Ingenuamente podríamos pensar que esto “son cosas del pasado”, que ya no se producen estas situaciones y que los necesitados son mejor atendidos, no solo por la caridad, sino también por los gobiernos. Y seríamos unos necios si así pensásemos. Lo cierto es que, en esto, seguimos siendo testigos del dolor y la miseria que acampa en grandes cinturones de pobreza en casi todas las ciudades del mundo industrializado. Las descripciones de Federico no se alejarían de las que algunos vicencianos podrían hacer en Madrid, Nueva York, Lima o Kuwait. Nuestra misión, por supuesto, es aliviar la situación de los que sufren esta miseria, pero también ha de ser misión nuestra el denunciar y sacar a la luz las intolerables realidades en las que tienen que vivir tantos seres humanos, ante la indiferencia general y el descuido de los dirigentes.

Cuestiones para el diálogo:

  1. ¿Colaboramos entre las distintas ramas de la Familia Vicenciana, para mejor servir a los pobres, a ejemplo de lo que sor Rosalía hizo con la Sociedad de San Vicente de Paúl?
  2. ¿Cómo viven los pobres en mi entorno? ¿Conozco su realidad? ¿Les visito?
  3. ¿Qué estamos haciendo los vicencianos, a nivel local, para aliviar su precariedad?
  4. ¿Denunciamos ante la sociedad, ante las autoridades, su situación? ¿Somos voz de los sin voz? ¿Sacamos a la luz pública lo que está provocando el egoísmo, la indiferencia y la desigualdad?

Javier F. Chento
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