Mezquinos y estrechos intereses personales

por | Sep 29, 2017 | Formación, Reflexiones, Ross Reyes Dizon | 0 comentarios

Muere Jesús por nosotros pecadores.  Así da él prueba de que nos ama el Dios de bondad insondable, aun tan mezquinos que somos.

Dificultan los deseos mezquinos de lucro, poder y seguridad la revelación de la verdad.  Y desconocida la verdad, resulta esclavizado el pueblo.  Nada más contrario que esto al proceder de Jesús.

No consiente él a los poderosos.  Su proclamación del reino de Dios ya indica su oposición al imperio romano.

Y relacionando la palabra «legión» con el diablo, sugiere además Jesús que hay que expulsar al César.  Que éste se quede afuera con su moneda y sus aduladores mezquinos.  Y que no tengan nada que ver con él los creyentes en Dios, el que los hizo a su imagen.

Pero rechaza claramente el Maestro el régimen romano, intruyéndoles a los suyos a no comportarse como los jefes gentiles.  Los jefes de los gentiles (los romanos) tiranizan a los súbditos.  Nada de eso debe pasar entre los discípulos.  Han de imitar al que ha venido para servir y dar su vida en rescate por todos.

Y, claro, se enfrenta también Jesús con los líderes religiosos.  Les echa en cara su arribismo y sus motivos egoístas mezquinos.  Asimismo, dirige a ellos una litanía de ayes.

Sin ambages advierte además a los sumos sacerdotes y a los ancianos.  Ellos, en particular, necesitan arrepentirse.  Los despreciados por ellos les llevan la delantera en el camino del reino de Dios.

Manifestándose valiente y libre de todo deseo de poder y esplendor mezquinos, Jesús habla la verdad a los poderosos.

Ha venido a dar testimonio de la verdad, y cuantos son de la verdad escuchan su voz.  La verdad les libertan también a los creyentes en él.

Y se hace eco de la enseñanza cristiana Timothy Snyder (On Tyranny:  Twenty Lessons from the Twentieth Century).  Exhorta él al lector:

Cree en la verdad.  Abandonar los hechos es abandonar la libertad.  Si nada es verdadero, entonces nadie podrá criticar al poder, pues no habrá base para la crítica.  Si no hay nada verdadero, entonces todo resultará espectáculo.  La cartera más grande pagará por las luces más cegadoras.

Y esta décima lección señala a la vigésima que enseña:

Sé valiente según tus posibilidades.  Si ninguno de nosotros está listo para morir por la libertad, entonces moriremos todos bajo la tiranía.

Muriendo por la verdad, nos salva Jesús, nos liberta.  Él libertó, sí, a san Vicente de Paúl de sus afanes por «obtener un honesto retiro» (SV.RS I:88).  Con el tiempo, el santo hablaría la verdad a Richelieu y a Mazarino.

Llénanos, Señor, de tu gracia a los que recordamos tu pasión en la Eucaristía.  Nos anime esta prenda de la gloria futura a permanecer en la verdad y no encerrarnos en nuestros intereses mezquinos.

1 Octubre 2017
26º Domingo del T.O. (A)
Ez 18, 25-28; Fil 2, 1-11; Mt 21, 28-32

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