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Defender nuestras creencias y amar a nuestros adversarios • Una reflexión semanal con Ozanam

por | Ago 21, 2017 | Federico Ozanam, Formación, Javier F. Chento, Reflexiones | 0 comentarios

Aprendamos, sobre todo, a defender nuestras convicciones sin odiar a nuestros adversarios, a amar a los que piensan de otra manera que nosotros, a reconocer que hay cristianos en todos los campos, y que Dios puede ser servido hoy igual que siempre. Quejémonos menos de nuestro tiempo y más de nosotros mismos; sintámonos menos desanimados, pero seamos mejores.

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Federico Ozanam, Carta a Alexandre Dufieux, del 9 de abril de 1851.

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Reflexión:

  1. Un texto corto pero con mucha sustancia… Nos habla de la capacidad de diálogo, del amor a los «enemigos», de la defensa de la fe y cómo llevarla a cabo; pero también de las distintas sensibilidades y visiones que puede haber dentro de la propia Iglesia, y la necesidad que hay de entendernos y de querernos.
  2. En esta carta, Federico le habla a su amigo Alexandre de las disensiones que se estaban viviendo entonces en la Iglesia. Algunos deseaban ver en Francia una Iglesia poderosa y cercana a los círculos de poder. Otros, como Ozanam y Lacordaire, proclamaban «Dichosos los pobres» y pedían una implicación más contundente con los desheredados de la tierra.
  3. En nuestro tiempo podemos ver también estas diferencias de criterio. Los vicencianos tenemos una visión distinta de otras sensibilidades. Federico nos apremia a que cumplamos la misión que nos ha sido encomendada, con sencillez y humildad, con caridad y celo, como también nos los pide san Vicente de Paúl desde sus escritos. Y todo con amor, teniendo presente que lo importante es servir a Dios y cumplir con su mandato de construir el Reino, que para nosotros es el Reino de los pobres: «quien quiera ser el primero, que se haga el último» (Mc 9, 35); porque de los pobres, y de los que les sirven, es el Reino de Dios (cf. Mt 25).
  4. No estamos acá para juzgar el plan de Dios, sino para construirlo, siguiendo el llamado personal que nos ha hecho a cada uno de nosotros. Si hemos sido llamados a servir a Dios en la persona de los pobres, hagámoslo de todo corazón y con la máxima excelencia. Sólo así estaremos cumpliendo en nuestra vida el mandato (nuestra vocación) que hemos recibido de Jesucristo, siguiendo el ejemplo de los grandes cristianos de nuestra familia espiritual: Vicente, Luisa, Federico, y tantos otros que desgastaron su vida al servicio del Evangelio.

Cuestiones para el diálogo:

  1. ¿Qué sentimientos provoca en mí estas palabras de Ozanam?
  2. ¿Soy firme en mis convicciones, respetando a la vez las de los demás?
  3. ¿Cómo estoy cumpliendo, hoy, la vocación a la que he sido llamado, de servir a los empobrecidos? ¿Cómo puedo mejorar?

Javier F. Chento
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