¿La caridad ahoga a la justicia? Sobre los límites de la caridad (parte 2)

por | Ago 16, 2017 | Cambio Sistémico, Formación | 0 comentarios

David Hilfiker, un veterano con décadas de servicio directo a los pobres, planteó preguntas hace 15 años en un artículo de 2001, en la revista The Other Side, en el que explora la tensión entre la caridad y la justicia. Este es la segunda y última parte de una reflexión sobre su escrito.

Síntomas o el problema de la injusticia

A otro nivel, el problema fundamental para los pobres de nuestro país no es la falta de vivienda, ni el SIDA, ni el hambre, ni nada parecido, ni siquiera una combinación de estos. Estos son sólo síntomas; el problema es la injusticia.

Al promover nuestras instituciones, es natural destacar la importancia de nuestro propio proyecto. Pero esto puede conducir a impresiones misteriosas de que, si distribuimos suficiente comida, o creamos suficiente camas en los albergues, o encontramos suficientes casas, es decir, si tratamos los síntomas, habremos resuelto el problema.

La caridad hace poco para cambiar los amplios sistemas sociales y políticos que sostienen la injusticia.

No estoy, o supuesto, sugiriendo que abandonemos la caridad.

Como complemento de la justicia, la caridad es necesaria tanto en nuestra situación actual como por una exigencia de nuestra fe. Pero debemos reconocer las implicaciones más amplias de nuestra caridad y admitir que ella sola no es suficiente.

Tenemos que empezar a pensar en qué formas nuestras organizaciones caritativas están apoyando a quienes trabajan por la justicia.

  • Nuestros materiales promocionales, por ejemplo, deben al menos referirse a factores sistémicos, reconociendo que la caridad no es la solución.
  • Debemos ser cuidadosos al comparar nuestro trabajo con la «ineficiencia» de los programas gubernamentales, o incluso aludirlos.
  • Debemos ofrecer a nuestros voluntarios materiales de lectura, seminarios y oportunidades de debate sobre los temas sistémicos. Al ponerse en contacto cara a cara con los pobres, han dado un primer paso importante. Debemos alentarlos a continuar el viaje.
  • Debemos incluir la educación como parte de nuestra misión. Esto puede significar hablar de asuntos más amplios en nuestros boletines de noticias y solicitudes a nuestros donantes. Tal vez resulte que algunas personas dejen de darnos apoyo financiero, pero ese es el tipo de riesgo que nuestras organizaciones necesitan tomar.
  • Debemos participar en la defensa política. Por ley, las organizaciones exentas de impuestos pueden usar porciones de su presupuesto para la defensa. ¿Qué pasaría si cada ministerio social dedicara el cinco por ciento de su presupuesto, liberando tiempo para que el personal diese charlas, hablara sobre asuntos de justicia en grupos pequeños en nuestras iglesias, testificara ante las comisiones gubernamentales, escribiera cartas a su periódico, llamara o escribiera a nuestros representantes electos?
  • Debemos respaldar el esfuerzo para cambiar drásticamente el financiamiento de las campañas. Aunque no pueden apoyar a candidatos individuales, las organizaciones sin fines de lucro pueden usar este año electoral para enfatizar que nuestro país no será una democracia efectiva hasta que se reduzca la enorme influencia del dinero en las decisiones gubernamentales. «Nosotros, el pueblo» tenemos poco poder para persuadir a nuestros representantes a votar por la justicia.
  • Trabajar por la justicia trae más problemas y es mucho menos gratificante que hacer caridad.

No hay soluciones rápidas, y la razón más común para el abandono es el desaliento. Pero tenemos poca opción. Dentro de una sociedad injusta, hay limitaciones a nuestra caridad; necesitamos unirnos a otros en la lucha por la justicia también. Es un requisito fundamental de nuestra fe.



El artículo que es la fuente de estas reflexiones apareció por primera vez bajo el título «Cuando la caridad frena a la justicia» en la revista The Other Side, edición de septiembre-octubre de 2000, páginas 10 y siguientes.

Te invitamos a leer la primera parte de esta reflexión, y también a leer el texto completo de Hilfiker (en inglés) y compartir tu opinión.

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