Regresa al Señor con todo tu corazón

por | Abr 2, 2017 | Cuaresma, Formación, Reflexiones | 0 comentarios

«Mas ahora todavía —oráculo de Yahveh— volved a mí de todo corazón, con ayuno, con llantos, con lamentos. Desgarrad vuestro corazón y no vuestros vestidos, volved a Yahveh vuestro Dios, porque él es clemente y compasivo» (Joel 2, 12-13). Esta fue la invitación de la Iglesia en el miércoles de ceniza, cuando comenzamos la Cuaresma. Ahora que estamos llegando a la conclusión de Cuaresma y nos preparamos para celebrar la fiesta de Pascua, es bueno reflexionar sobre nuestra respuesta a esta invitación.

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Mas ahora todavía… no se refiere sólo a nuestra demora en regresar al Señor, sino también a la distancia a la que pudimos habernos alejado de Dios y de sus enseñanzas. Pero luego se nos dice que no importa cuánto tiempo permanecimos lejos de Dios o cuán lejos nos hemos alejado de él, todavía Dios nos invita y espera nuestro regreso. Este mensaje quiso darnos Jesús cuando nos contó la parábola del hijo pródigo y de su amoroso padre (Lc 15, 11-32).

Para volver al Señor necesitamos darnos cuenta de que realmente nos hemos alejado de Dios y de su plan para nosotros. Leemos en la historia del hijo pródigo que fue cuando volvió a sus sentidos cuando se dio cuenta de la situación miserable en la que había terminado, como resultado de alejarse de su padre. El Papa Juan Pablo II dijo: muchas personas en nuestro tiempo están perdiendo incluso el sentido del pecado. Nos dice el Papa Francisco: Debemos pedir la gracia de no tomar el pecado a la ligera. Tomar el pecado a la ligera hará que el pecado enraice en nuestro corazón. Endurecerá nuestro corazón y lo hará inicuo. La consecuencia del pecado es la miseria humana y la esclavitud, como se ejemplifica en la lamentable situación en la que terminó el hijo pródigo.

Si la gente está perdiendo el sentido del pecado, es porque la gente está perdiendo el sentido de Dios en su vida. Cuanto más nos acercamos a Dios, que es la Luz, más claramente nuestros lados oscuros salen a la luz. La Madre Teresa dijo una vez: «Algunos santos se describieron a sí mismos como criminales terribles porque vieron a Dios, se vieron a sí mismos y vieron la diferencia». La luz y la gracia de Dios, manifestadas en las Palabras de Jesús y en los sacramentos, nos ayudan a reconocer esas áreas ocultas y a corregir la deformación de nuestra visión.

El medio que tenemos para volver al Señor es el Sacramento de la Reconciliación, que proviene de un verbo latín que significa «reunir o restaurar». San Francisco De Sales escribió:

«Dios estima tanto el arrepentimiento que el menor arrepentimiento en el mundo, mientras sea genuino, hace que Dios olvide cualquier tipo de pecado, de modo que incluso al diablo se les perdonarían todos sus pecados, si sólo pudiera tener remordimientos».

La parábola del hijo pródigo expresa maravillosamente lo que sucede en el sacramento de la confesión:

«El hijo le dijo: ‘Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo’. Pero el padre dijo a sus siervos: ‘Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta'» (Lc 15, 21-23).

Sobre el autor:

fr-binoyEl P. Binoy Puthusery, C.M., es un sacerdote paúl perteneciente a la Provincia de India meridional. Fue ordenado sacerdote el 27 de diciembre de 2008 y poco después sirvió como coadjutor en Tanzania. En 2011, después de dos años de ministerio, fue nombrado Director Espiritual de las Hermanas Vicentinas de la Misericordia, en Mbinga, Tanzania, en donde sigue en la actualidad.

 

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