Este es el sexto trayecto del plan formativo destinado al estudio individual o en grupo, basado en el artículo «Profetismo del Carisma Vicenciano a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia» de Sor María Pilar López, H.C.

La solidaridad como mentalidad

El Papa Francisco ha escrito: «La palabra «solidaridad» está un poco desgastada y a veces se la interpreta mal, pero es mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad. Supone crear una nueva mentalidad que piense en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos». [Evangelii Gaudium, nº 188]

¡Una mentalidad! ¡Qué fascinante replanteamiento del significado de la solidaridad! Nos lleva más allá de las dicotomías asociadas con la palabra.

Durante una de sus homilías matutinas (el 13 de septiembre de 2016) desarrolló ​​sobre esta mentalidad como trabajo hacia una cultura de encuentro.

“[Una invitación] a trabajar por esta cultura del encuentro, como hizo simplemente Jesús. No sólo ver: mirar. No sólo oír: escuchar. No sólo cruzarse: detenerse. No sólo decir ‘qué pena, pobre gente’, sino dejarse llevar por la compasión. Y acercarse, tocar y decir en la lengua en que cada uno sienta en ese momento – la lengua del corazón – ‘no llores’ y dar al menos una gota de vida”.

No es de extrañar que el Papa Francisco diga: «Cuando nos encontramos con los otros, nos convertimos en vecinos». [Carta para el 48º Día Mundial de las Comunicaciones Sociales]

Este replanteamiento es también otra manera maravillosa de conectar la vida y las palabras del Papa Francisco y la forma en que Vicente vivió su vida.

No encontramos en ninguno de los escritos de Vicente la palabra solidaridad. Esta palabra no fue usada hasta el siglo XIX.

En los escritos de Vicente encontramos, sin embargo, expresiones compasivas hacia las hermanas y hermanos que sufren.

La Hermana Pilar escribe: «[Vicente] hablaba continuamente de ‘bien común’, pero con su vida nos mostró la ‘solidaridad como encuentro’ que significa: la experiencia de encontrarse con el mundo del dolor y de la injusticia y no quedarse indiferente, y tener la suficiente capacidad para pensar y vivir de otra manera».

La hermana lleva esta reformulación un paso más allá: «‘Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza’ (Gen 1, 26). Es sobre este texto, sencillo y a la vez profundo, donde se fundamenta la teología cristiana para adoptar el término solidaridad».

Dios es nuestro vecino y todos los seres humanos son nuestros vecinos. ¡Ese sí que es un vecindario en el que deseo vivir!

Como en tantas áreas, San Vicente señala el camino y nos muestra cómo hacer de los pobres los auténticos protagonistas de su propia promoción. Pero, como la hermana dice, ¡eso para la próxima sección!

He aquí otra gema de la hermana: “Preparando esto me vino a la mente una reunión de religiosos jóvenes en la que, al terminar de ver la película de “La Misión”, un novicio jesuita exclamó: ‘No podemos ser hijos pigmeos de padres gigantes’”. Cuanto más leo artículos como los del Padre Corpus Delgado, la Hermana Pilar y otros que se escriben en español, más valoro nuestro Patrimonio Vicenciano y me doy cuenta de por qué ha durado 400 años.

A continuación, dedica algún tiempo a reflexionar sobre estas preguntas, mientras ves la presentación de diapositivas que se encuentra a continuación:

  • ¿Cómo me encuentro con los que son pobres y vivo en solidaridad con ellos?
  • Si todos los pueblos viven en el vecindario de Dios, ¿qué estoy haciendo para limpiar el vecindario?

¡Hasta la próxima semana!

Esperamos que hayan disfrutado de esta colaboración, uniéndose a las fuerzas de la

Os pedimos que cada Vicenciano se convierta en un formador.

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