Jueves gordo, viernes flaco, sábado regular; domingo, lunes y martes, carnaval

por | Feb 25, 2017 | Benito Martínez, Cuaresma, Formación, Reflexiones | 0 comentarios

«Es necesario que Sor Juana Bonvilliers haga un breve viaje y venga a París; le ruego a usted, Sor Genoveva, que la envíe lo antes que le sea posible, porque si bien confío plenamente en usted, como en ninguna otra de nuestras Hermanas, no sería conveniente, sin embargo, que se quedara usted sola durante los días de carnaval».

Luisa de Marillac, Carta 567 a las Hijas de la Caridad establecidas en Chantilly.

Reflexión:

  1. En los comienzos de 1647, la princesa Carlota de Montmorency, viuda de Enrique de Borbón, madre del Gran Condé, del príncipe de Conti y de la duquesa de Longueville, y Dama de la Caridad (hoy AIC) caritativa y sacrificada por los pobres, llamó a las Hijas de la Caridad para enseñar a las niñas y atender a los enfermos de Chantilly y de nueve aldeas de los alrededores. A esas Hermanas les dirige esta carta.
  2. Aunque no con la desfachatez que abundó después de la muerte de santa Luisa, de Marillac, ya en los últimos años de su vida comenzaban en Paris los disparates carnavalescos, presentando un desatinado “mundo al revés”, en el que la ruptura del decoro y la inversión de los valores serios constituyen un rasgo esencial.
  3. Durante un buen puñado de siglos los festejos más relacionados con el desmadre carnavalesco dejaron de realizarse públicamente, ante el temor de sufrir represalias por parte de la jerarquía eclesiástica. Aquellos que se atrevían a continuar haciéndolo como jolgorio, preferían asegurarse que sus identidades quedaban en el anonimato, usando disfraces y máscara, para poder mezclarse con la gente llana del pueblo como uno más, sin ser reconocidos.
  4. El carnaval tuvo su momento culminante durante la Edad Media en Venecia, pero en la actualidad los carnavales se han exportado rápidamente hacia un gran número de poblaciones de todo el mundo, desde grandes ciudades a pueblos diminutos, desde Brasil hasta Tenerife.
  5. En muchos lugares se celebran los carnavales como jolgorio y signo del desenfreno, sin señal alguna de la religiosidad que tuvieron en su origen: preparar la Cuaresma y la Pascua de Resurrección.

Cuestiones para el diálogo:

  1. ¿Se pueden celebrar los carnavales con un sentimiento religioso y, al mismo tiempo, con un sentido mundano?
  2. A tu parecer, ¿cuál es el significado más corriente que damos las Ramas Vicentinas a los carnavales?
  3. ¿Cómo poner religión en las manifestaciones callejeras? ¿Se puede ponerla en las cabalgatas?
  4. ¿Se distingue la manera de celebrar los carnavales los cristianos y los no creyentes? ¿Y los creyentes y la Familia Vicenciana?

Benito Martínez, C.M.

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