Hábitos y Cambio Sistémico: Una Reflexión

por | Ene 17, 2017 | Cambio Sistémico, Formación, Reflexiones | 0 comentarios

Un proverbio latino nos advierte: «El poder del hábito es grande».

También lo sabemos de nuestra formación espiritual. Los sabios directores espirituales nos aconsejan orar diariamente, para que sea un hábito, y que nuestra vida siempre tenga una base sólida. Por supuesto, San Vicente va aún más lejos, cuando dice que una persona de oración será capaz de todo.

El perspicaz libro The Power of Habit [El poder del hábito] describe el poder de las señales, los hábitos y las recompensas (percibidas), interrelacionados en la vida, y sostiene que los hábitos correctos enriquecen nuestras vidas, hacen que las corporaciones tengan éxito y sostengan movimientos sociales más amplios.

Puede que los hábitos no sean la meta, pero sí ayudan a explicar por qué hacemos lo que hacemos.

Los hábitos actúan casi independientemente. Una vez que se establece un hábito, el cerebro deja de participar plenamente en el proceso de toma de decisiones. Se establece una rutina automática, una especie de piloto automático. Y surgen hábitos con o sin nuestro permiso. Así pues, desarrollar intencionalmente los hábitos es un asunto clave.

Sea que Starbucks se concentre —como si fuese con un láser— en la fuerza de voluntad durante el entrenamiento de sus empleados, sea Alcoa Aluminum enfatizando la seguridad de los empleados por encima de todo, seleccionar un elemento específico como el valor fundamental para construir, cuando todo el mundo se enfoca en el mismo valor, entonces toda la empresa cambia de múltiples maneras.

A medida que trabajamos por la consistencia que define el «hábito», es útil, en este sentido, el consejo de los organizadores de la comunidad: primeramente céntrese en los pequeños triunfos, lo que puede conducir a los más grandes en el proceso. Si el objetivo es bajar de peso, haga que el ejercicio sea un hábito, pero comience poco a poco, establezca un tiempo fijo para el ejercicio. Preocúpese por la dieta u otros factores más adelante, comience con un pequeño cambio, pero sea consistente. Un pequeño triunfo puede llevar a cambios radicales en las organizaciones y en las personas.

Quizás la Familia Vicenciana pueda enfatizar el desarrollo de un hábito pastoral esencial buscando primero una pequeña victoria: escuchar atentamente a las personas a las que servimos. Pedir su opinión, darles voz, especialmente para decirnos cuáles son sus verdaderas necesidades y cuáles podrían ser las respuestas pastorales efectivas. En lugar de simplemente implementar nuestros planes estratégicos o pastorales ya escritos, construidos sobre lo que creemos que es mejor hacer, escuchemos cuidadosamente —una tarea siempre difícil—, mientras consultamos a nuestra gente, especialmente a los pobres, sobre los verdaderos problemas y asuntos de sus vidas.

Este pequeño cambio, comenzar todo con una buena escucha, llevado a cabo sistemáticamente, puede conducir lenta y seguramente a la formación de un hábito para hacerlo. Y el hábito de escuchar a los pobres es esencial para desarrollar una mentalidad de cambio sistémico: trabajar desde la perspectiva de los pobres y comprometerlos, a ellos y a sus talentos y habilidades, en el cumplimiento de nuestra misión vicenciana.

Jim ClaffeyJim Claffey se jubiló recientemente de la Sociedad de Vicente de Paúl, en Long Island, donde se desempeñó como Director de Formación y Programas. Jim sirve actualmente como secretario ejecutivo de la Comisión Internacional de la Familia Vicenciana para la promoción del cambio sistémico.

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