Luisa de Marillac: No ambicionar cargos

por | Dic 16, 2016 | Benito Martínez, Formación, Reflexiones | 0 comentarios

“Mi muy Honorable Padre: La manera en que la divina Providencia ha querido que le hablara en toda ocasión hace que en ésta, en que se trata del pensamiento de ejecutar la santísima voluntad de Dios, le hable muy sencillamente de aquello que la experiencia nos ha hecho ver podría impedir el afianzamiento de la Compañía de las Hijas de la Caridad, si no es que Dios ha dado a entender quiere su completa destrucción a causa de las faltas, generales y particulares, que en ella aparecen más claramente desde hace algunos años, de las que en verdad y delante de Dios, creo ser, miserable de mí, si no la única causa, por lo menos la principal, tanto por mis malos ejemplos como por mis negligencias y poco celo en cumplir fielmente mi deber. Y ésta es una de las principales necesidades que hay que remediar para el futuro: poner desde ahora al frente una persona que dé mejor ejemplo”.

Luisa de Marillac, Carta (nº 374) de Luisa de Marillac a Vicente de Paúl.

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Reflexión:

  1. Sócrates y Platón ya proponían no elegir a nadie que ambicionara el poder. La señorita Le Gras ambicionaba lo contrario: no tener poder. Varias veces pidió al Superior Vicente de Paúl que la relevara del gobierno de la Compañía, pero él se opuso: Las Hermanas “elegirán a una de ellas por mayoría de votos para ser superiora durante tres años, y podrá seguir siéndolo otros tres, y no más. El padre Vicente dijo que esto se entendía después de que Dios hubiese dispuesto de la señorita, la cual se puso de rodillas y le suplicó que empezase desde ahora. El respondió: Sus hermanas y yo, señorita, tenemos que pedir a Dios que os deje todavía largos años. La voluntad ordinaria de Dios es conservar por medios extraordinarios a los que son necesarios para el cumplimiento de sus obras. Y si se fija usted, señorita, ya hace más de diez años que usted no vive, al menos de una manera ordinaria” (IX, 301).
  2. Es una doctrina que debe estar activa en todo momento, porque, si se elige a quien ambiciona el poder, es fácil que lo aproveche para ser servido más que para servir a los demás. Y esto, que tienen presente los padres de familia al ejercer su autoridad en bien de los hijos y del conjunto de la familia, deben tenerlos en cuenta también los dirigentes de cualquier rama de la Familia Vicenciana.
  3. Los padres no han sido elegidos, pero, si son aceptados por los hijos por su amor, cariño y “buen hacer”, se convierte en la elección más preciosa.
  4. Toda la familia sin una autoridad paterna y materna se convierte en un caos y se deshace, pero con una autoridad paterna o materna despótica, la rebelión de la otra parte y de los hijos, convierte la casa en un infierno.

Cuestiones para el diálogo:

  1. En tu grupo, quienes tienen la autoridad, ¿han sido nombrados a dedo o por elección? ¿Se rodean de amiguetes o de personas capacitadas? ¿Se preocupan de los compañeros y de la asociación? ¿Cumplen los objetivos vicencianos en bien de los pobres? ¿Estáis unidos?
  2. ¿Cuál es tu papel dentro de tu familia natural? ¿Tus hijos te respetan y te quieren? ¿Y tú a tus padres? ¿Te sacrificas por ellos? ¿Has hecho de tu familia carnal una familia unidad o predomina la discordia?

Benito Martínez, C.M.

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