Este es el séptimo trayecto del plan formativo destinado al estudio individual o de grupo que os presentamos en anteriores semanas en “Aportación del carisma vicenciano a la Misión de la Iglesia: Un trayecto formativo”. En ese artículo también se sugirió un “plan de lecciones” para su uso en grupos.

La Escuela de los Pobres

Hace aproximadamente 45 años un sacerdote, que trabajaba en una zona muy pobre de la ciudad de Nueva York, me contó que se daba cuenta de que no estaba llevando a Cristo a las personas a las que servía. En realidad, más bien era él quien estaba descubriendo a Cristo en ellos.

Mientras leo y releo el artículo del P. Delgado, voy descubriendo a un nivel profundo lo vicenciana que es esta percepción de mi amigo sacerdote.

“Los pobres nos evangelizan”. Ellos no son meros destinatarios de la evangelización. También evangelizan activamente.

Habiendo crecido en una determinada cultura, muchos nos vemos a nosotros mismos como evangelizadores y misioneros, más que personas evangelizadas. Rara vez pensamos en lo mucho que recibimos de los pobres.

El P. Delgado nos recuerda que una de las enseñanzas más importantes que Vicente aprendió al estar al lado de los pobres es que “los pobres nos evangelizan”.

Mi madre solía decir con orgullo: “me gradué de la escuela de la vida”. Hasta hace poco, nunca vi la conexión de esta frase de mi madre con San Vicente.

Vicente pasó mucho tiempo en el círculo de miembros de lo que se llamó la Escuela Francesa de Espiritualidad. Pero no estaba cómodo allí. Vicente fue estudiante de una escuela más exigente: la escuela de los pobres.

Parece que esta frase: “ser evangelizado por los pobres”, nunca fue pronunciada por Vicente. No obstante, afirmó que los pobres son nuestros maestros y ellos, los pobres, los humildes y los campesinos, son los que viven y practican la verdadera religión. Son maestros de la fe, porque cultivan las virtudes y actitudes cristianas fundamentales.

“Lo que me queda de la experiencia que tengo, es el juicio que siempre me he hecho: que la verdadera religión, hermanos míos, la verdadera religión está entre los pobres. Dios los ha enriquecido con una fe viva: ellos creen, palpan, saborean las palabras de vida”. (SVP ES XIa, p. 462).

Por lo tanto, como vicencianos deberíamos aprender de ellos, y vivir y practicar nuestra fe de la misma manera que ellos lo hacen.

Pero aún hay otra dimensión del ser evangelizados por los pobres.

Para Vicente, Jesús estaba en la persona de los pobres, y en ellos descubrió Vicente a Jesús, esperando el encuentro definitivo cuando sería abrazado por Aquél que le había encomendado su misión.

“Los hombres y mujeres pobres nos permiten encontrar a Dios, nos permiten escuchar a Dios, y en ellos Dios nos habla, nos exhorta y nos advierte. Cuando nos encontramos con los pobres en el seno de los sistemas de marginación, nuestros ojos se abren y llegamos a una comprensión más clara del significado de Dios, Cristo, la Iglesia y las exigencias de la Escritura. Los pobres nos dan a Dios y en la persona de los pobres servimos a Dios”. (Santiago Barquín, «El pobre: perspectiva teológica del carisma vicenciano», en “El Carisma Vicenciano: Memoria y Profecía [XXXVI Semana de Estudios Vicencianos]”, Editorial CEME, Santa Marta de Tormes, Salmanca, 2001, pp. 127-204.)

El apóstol Pablo nos revela con gran claridad que los pobres nos proporcionan perspectiva para encontrar a Dios y descubrir su voluntad. Escribió a la comunidad cristiana de Corinto: “¡Mirad, hermanos, quiénes habéis sido llamados! No hay muchos sabios según la carne ni muchos poderosos ni muchos de la nobleza. Ha escogido Dios más bien lo necio del mundo para confundir a los sabios. Y ha escogido Dios lo débil del mundo, para confundir lo fuerte. Lo plebeyo y despreciable del mundo ha escogido Dios; lo que no es, para reducir a la nada lo que es” (1 Corintios 1, 26-28).

No es de extrañar que, en tiempos de Vicente, la mayoría de las Hijas de la Caridad surgieran de entre los pobres, con el fin de servir a Dios en la persona de los pobres. Estas jóvenes se convirtieron en servidoras ejemplares como evangelizadoras de los pobres.

La nueva evangelización es una invitación a reconocer el poder salvador en acción en las vidas de los pobres, y a ponerlos a ellos en el camino de la peregrinación de la Iglesia. Estamos llamados a encontrarnos con Cristo en ellos, a prestar nuestra voz a sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a hablar por ellos y a abrazar la misteriosa sabiduría que Dios desea compartir con nosotros a través de ellos (Evangelii Gaudium, # 198).

Lee esta séptima sección del excelente artículo del P. Delgado, y enumera este y otros aspectos con los que el carisma vicenciano ha contribuido a la Iglesia actual.

A continuación, dedica algún tiempo a reflexionar sobre estas preguntas, mientras ves la presentación de diapositivas a continuación:

  • ¿Reconozco a los que son pobres como evangelizadores?
  • ¿Qué he aprendido en la escuela de los pobres?

¡Hasta la proxima semana!

Esperamos que hayan disfrutado de esta colaboración, uniéndose a las fuerzas de la

Os pedimos que cada Vicenciano se convierta en un formador.

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