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Vicente de Paúl: De la contemplación de Dios al amor de Dios

por | Nov 23, 2016 | Formación, Reflexiones | 0 comentarios

«Amar a Dios perfectamente, abismarse en la consideración de su esencia divina, de su belleza, de su bondad, de su sabi­duría y de las demás perfecciones que hay en Él. Esa es la ocupación de los santos con Nuestro Señor, acordándose del amor que les tuvo para salvarles» (SVP IX, 1026). «Cuanto más se contempla un bien perfecto, más se lo ama. Pues bien, si nos imaginamos que tenemos con frecuencia ante nuestros ojos a Dios, que es la belleza y la perfección misma, indudable­mente, cuanto más lo miremos, más lo amaremos» (SVP ES, IX, 429).

Vicente de Paúl

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Reflexión:

  1. Las referencias que hace san Vicente a los santos son abundantes. También, la devoción a los mismos. En el fondo son los ejemplos que le sirven, y utiliza, para hacer visible el cumplimiento del primer mandamiento. ¿Por qué los santos? La síntesis que hace del razonamiento es profunda y sencilla: porque su ocupación no fue otra que amar a Dios perfectamente que no es otra cosa que abismarse en su belleza, bondad, sabiduría y demás perfecciones. ¿Qué mejores modelos para el creyente de a pie?
  2. Esta “ocupación” o “trabajo” no nace del impulso o interés humano sino que su origen está en el amor que el propio Dios tiene a sus criaturas. “Así como Dios amó al hombre…”.  Un viaje, diríamos, de ida y vuelta con un apeadero (el pobre) y una estrategia (la contemplación). Apeadero (el pobre) imprescindible para san Vicente, descanso obligatorio en el permanente camino de perfección. Estrategia (la contemplación) como carburante en medio de los desgastes de la cotidianidad de la vida. Acción y contemplación; amor afectivo y efectivo.
  3. Y, como todo camino, exige de trabajo, de no sentarse debajo de la higuera para contemplar absortos el nacimiento, desarrollo, madurez, caída y corrupción de cada uno de los higos. Trabajo permanente (de calidad diríamos hoy día) que abarca no sólo el qué, sino el cómo y el porqué. El capítulo primero de las Constituciones de la CM es todo un ejemplo de la clarividencia de un hombre del siglo XVII que, en este sentido, es descubierto en nuestros días por los gurús de la calidad: qué (procuran con todas sus fuerzas revestirse del espíritu del mismo Cristo, para adquirir la perfección correspondiente a su vocación); cómo (se dedican a evangelizar a los pobres, sobre todo a los más abandonados y ayudan en su formación a clérigos y laicos y los llevan a una participación más plena en la evangelización de los pobres); con quién (desde la Comunidad).

Cuestiones para el diálogo:

  1. ¿Cómo son nuestros momentos contemplativos?
  2. ¿Cuáles son los lugares que utilizamos para la contemplación?
  3. ¿Trabajamos el camino de la contemplación al igual que la acción?
  4. ¿Cómo es el qué, cómo y con quién de nuestras comunidades?
  5. ¿Nos preocupa la calidad de nuestros trabajos?

Mitxel Olabuenaga, C.M.
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Etiquetas: Vicente de Paúl

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