La oración y la acción van de la mano para los Vicencianos. Lo uno no puede existir sin lo otro.

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«En muchas ocasiones he caído de rodillas por la abrumadora convicción de que no tenía otro lugar a donde ir. Mi propia sabiduría, y la de todos aquellos a mi alrededor, me parecía limitada para el momento…» Abraham Lincoln.

¿No nos pone de rodillas, en ocasiones, nuestro trabajo con los pobres? ¿No encontramos también, a menudo, nuestra propia sabiduría insuficiente?

Oración y acción. «Apóstoles y cartujos». La historia de Marta y María. Al igual que caridad y justicia, una díada convincente. Y eminentemente Vicenciana. De hecho, se encuentra en el corazón mismo de nuestra espiritualidad. La oración, que nos lleva a actuar en nombre de los pobres; la acción, que siempre parece algo insuficiente y nos lleva de nuevo a la oración. Un círculo continuo, una combinación vital que permite a muchos seguidores de Vicente «seguir manteniéndose» al servicio de los pobres. El secreto para el distintivo cuarto voto de la Congregación de la Misión de San Vicente de Paúl, la estabilidad para toda la vida en servicio a los pobres.

Pero, ¿es cierto que, en ocasiones, somos «puestos de rodillas» por nuestro trabajo? Porque eso quiere decir que nos sentimos totalmente consumidos por algo, que estamos al extremo del ingenio, que no hay realmente ningún sitio a donde tornar.

Así que podríamos reflexionar un poco: ¿cuán profundamente sentimos la injusticia en el mundo, la miseria de tantos? ¿Nos sentimos indignados por los millones de niños que no tienen alimentos, un refugio y una educación básica? ¿Nos confunde que la humanidad que tanto avanza en muchos aspectos técnicos, todavía pareciera aceptar el espanto de la escandalosa pobreza de demasiados seres humanos en todo el mundo?

Nosotros, los Vicencianos, estamos ciertamente comprometidos en servir a los pobres. ¿Estamos igualmente comprometidos con la erradicación de la pobreza? ¿Estamos dispuestos a evaluar —críticamente— nuestra misión, nuestro enfoque en el servicio a los pobres en la caridad, con miras a adoptar nuevos enfoques? ¿Adoptamos la metodología del cambio sistémico, para crear nuevas estructuras sociales y económicas que trabajen a favor de las personas atrapadas en la pobreza?

Si estamos comprometidos con estos retos, tal vez ellos nos lleven a ponernos de rodillas, abriéndonos a la sabiduría y la fuerza que sólo Dios ofrece. En nuestra oración, sea de rodillas o no, busquemos esa sabiduría y, renovados con ella, volvamos a nuestros apostolados decididos a crear un cielo nuevo y una tierra nueva, en especial para esa parte de la humanidad que Dios nos confía, a los pobres , los «últimos y más pequeños» de nuestros hermanos y hermanas. Oración y Acción. Eso es ser Vicenciano.

Jim ClaffeyJim Claffey se jubiló recientemente de la Sociedad de Vicente de Paúl, en Long Island, donde se desempeñó como Director de Formación y Programas. Jim sirve actualmente como secretario ejecutivo de la Comisión Internacional de la Familia Vicenciana para la promoción del cambio sistémico.

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