Seis sacramentos y una trampa #AnecdotarioFV

por | Jul 23, 2016 | Formación | 0 comentarios

El Papa Juan Pablo I, en la audiencia general del Miércoles 13 de septiembre de 1978, al saludar a un grupo de recién casados, les dijo:

El siglo pasado había en Francia un profesor insigne, Federico Ozanam; enseñaba en la Sorbona, era elocuente, estupendo. Tenía un amigo, [el Padre] Lacordaire, que solía decir: «¡Este hombre es tan estupendo y tan bueno que se hará sacerdote y llegará a ser todo un obispo!» Pero no. Encontró a una señorita excelente y se casaron. A Lacordaire no le sentó bien y dijo: «¡Pobre Ozanam! ¡También él ha caído en la trampa!». Dos años después, Lacordaire vino a Roma y fue recibido por Pío IX; «Venga, venga, padre, —le dijo— yo siempre había oído decir que Jesús instituyó siete sacramentos: ahora viene usted, me revuelve las cartas y me dice que ha instituido seis sacramentos y una trampa. No, padre, el matrimonio no es una trampa, es un sacramento muy grande».

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Ciertamente, a Federico se le pasó por la cabeza el ser sacerdote. Vemos detalles de este asunto en varias de sus cartas de juventud. Así, en agosto de 1839, estando ya su madre muy enferma, le escribe al P. Lacordaire:

Y para hablar con el corazón en la mano, […] al ver los desoladores progresos que hace la enfermedad de mi madre, cuando la posibilidad de una pérdida tan terrible se yergue ante mí, no veo ya motivo para mantenerme en una posición que solo el deber filial me hizo solicitar, y la incertidumbre de mi vocación se reproduce más inquietante que nunca. Encomiendo, a sus caritativas oraciones, ese mal interior que me hace sufrir desde hace tiempo, pues, si Dios tuviera a bien llamarme a Él, no veo ninguna milicia donde me fuera más grato servirle que esa donde está usted enrolado [en la orden dominica]. Más aún: me gustaría conocer con anticipación las condiciones, para ayudarme, con consejo de mi confesor, a tomar una decisión; la regla de los Hermanos Predicadores falta en nuestra biblioteca; ¿sabe usted cómo podría conseguirla? Prestaría usted un nuevo favor a quien ya le debe tantos.

Carta a Henri-Dominique Lacordaire, del 26 de agosto de 1839.

Pero, en el transcurso de los meses, discernió que, como laico, podía defender mejor el catolicismo y la libertad de enseñanza, llegando a decir que “en este siglo, la mayoría cree que la religión católica no es más que un negocio de curas”.

Federico se casó a los 28 años, en Lyon, el 23 de junio de 1841, con Amelia Soulacroix, de 21 años. Tuvieron una hija, María, y por ella sabemos que Federico siempre tuvo el detalle de regalar a Amelia un ramo de flores todos los 23 de cada mes, fecha de su aniversario de boda, durante los doce años de matrimonio.

Autor: Juan Manuel Gómez,
vicepresidente de la SSVP en España.

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