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Santa Luisa y la Santísima Trinidad

por | May 23, 2016 | Formación | 0 comentarios

Puede ser difícil para nosotros ver cualquier tipo de «relevancia práctica» en la doctrina de la Trinidad. Pero consideremos cómo el P. Jerome Magat la explica en un artículo del 24 de marzo de 2013 artículo titulado A imitación de la Trinidad:

La Trinidad nos revela el plan maestro de cómo hemos de vivir y amarnos unos a otros: cada persona saliendo de sí misma y yendo hacia el otro, como un regalo. Ya que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, el modelo trinitario nos invita a examinar cómo nos relacionamos los unos con los otros —si, de hecho, estamos viviendo a imitación de la vida interior de la Trinidad—, una comunidad de personas.

[twocol_one]LOD19A1-250x300[/twocol_one][twocol_one_last]Esta fue la manera que Santa Luisa presentó a la Trinidad, en varias ocasiones, en sus escritos; citaba a la Trinidad como modelo a emular por los seres humanos y, en particular, por las Hijas de la Caridad. He aquí tres ejemplos breves para reflexionar:[/twocol_one_last]

E. 55 (A. 85) (Instrucciones a las Hermanas enviadas a Montreuil-sur-Mer)

«…las verdaderas Hijas de la Caridad, para cumplir lo que Dios pide de ellas, deben ser como una sola y puesto que la naturaleza corrompida nos ha despojado de esa perfección, separándonos por el pecado de nuestra unidad que es Dios, debemos, para asemejarnos a la Santísima Trinidad, no ser más que un corazón y no actuar sino con un mismo espíritu como las tres divinas Personas, de tal suerte que cuando la Hermana que está para los enfermos pida la ayuda de su Hermana, la Hermana que está para la instrucción de las niñas no dejará de ayudarla, e igualmente si la que está encargada de las niñas le pide ayuda a la de los pobres, ésta hará otro tanto, no considerando uno y otro empleo sino como cosa de Dios y teniéndose ambas por escogidas por la Providencia para obrar unánimes y unidas; por lo tanto, nunca se habrá de oír: eso es tarea suya y no mía.»

C. 362 (L. 429) A mi querida Sor Ana Hardemont (en Hennebont) (Mayo de 1651)

«Mi querida Hermana: En nombre de Dios le ruego que en su primera Conferencia hablen del número de tres que van a ser ustedes, número con el que deben honrar a la Santísima Trinidad. Pero,¿en qué, de manera especial? En la gran unión que ha de existir entre ustedes, la deferencia con los sentimientos de las demás para procurar no contradecirse, sino aceptar lo más que puedan el parecer unas de otras. Y si a veces son distintos, recuerden, queridas Hermanas, que Nuestro Señor siempre se sometió a la voluntad de Dios su Padre; así, en cierto modo, honrarán ustedes esa deferencia suya cuando, por su amor, abandonen su propia opinión para seguir la de la Hermana Sirviente, como también ella podrá hacerlo en las ocasiones en que no haya ofensa a Dios ni al prójimo.»

C. 289 (L. 248) A mi querida Sor Juana Lepintre, Hija de la Caridad, sierva de los pobres en Nantes (1 de junio de 1649)

«Salude en mi nombre a todas nuestras Hermanas y dígales que les recomiendo se acuerden siempre de las enseñanzas del señor Vicente, sobre todo, la tolerancia y la cordialidad para honrar la unidad de la divinidad en la diversidad de personas de la Santísima Trinidad».

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