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Soñar no es evadirse de la realidad. “Es zafarse de las evidencias, abandonar deliberadamente los senderos de la obediencia, proyectarse en una realidad que nos atrevemos a pensar que sea diferente” (Myriam Tonus, « Dangereuse l’utopie? », en La Libre Belgique, 10 de noviembre de 2002).

Los Vicencianos soñamos con un mundo distinto. En nuestro ADN están insertas las aspiraciones más evangélicas, las utopías de igualdad y justicia que muchos, desgraciadamente, parecen haber abandonado ya. Hoy en día, por ejemplo, el mundo contempla el trato que los políticos europeos están dando a la crisis humanitaria de los refugiados de Siria y otras zonas en conflicto, mientras el resto de la población asistimos prácticamente indiferentes al continuo goteo de masacres, quiebra de los derechos humanos, muertes de decenas de miles de seres humanos que arriesgan sus vidas en el temerario viaje a través de rutas peligrosas. ¿Se alza nuestra voz en contra de esta, y otras semejantes, manifiestas situaciones de degradación y trato inhumano? No hay duda de que se están haciendo cosas. La Familia Vicenciana tiene una representación en la ONU para alzar su voz contra las injusticias que, a nivel global, ocurren todos los días. Pero este es, desgraciadamente, tan solo uno de los muchos ejemplos que se podrían poner. Solo basta acercarse a las páginas del periódico, o a los noticieros televisivos —por no hablar del sinnúmero de injusticias y catástrofes que no aparecen en ellos—, para darse cuenta de que hay muchos frentes en donde hemos de hacernos presentes, de palabra y con obras, para ser agentes transformadores.

Y, ¿a nivel local? Es verdad, estamos presentes en miles de situaciones de necesidad, provocando un cambio sistémico que ayude a los empobrecidos a ser protagonistas de su historia y a superar las injusticias. Aun así, debemos reflexionar si aún podemos hacer más, y si podemos hacerlo colaborativamente, apoyando iniciativas globales como Familia, y no sólo como Vicencianos individuales, o ramas.

Soñar un mundo distinto es un derecho y un deber para todo seguidor de san Vicente de Paúl. Lo que, los cristianos, rezamos cada día en el Padrenuestro: “venga tu Reino”, es pedir al Padre que se realice, ya aquí, la promesa de un mundo donde el único Rey será Jesucristo, y donde todos seremos hermanos, servidores los unos de los otros. La utopía cristiana nos llama a ponernos en acción para que esto sea una realidad. Cierto que el Reino vendrá “sí o sí”, que ya está siendo construido en nuestro mundo. Los que seguimos a los grandes creyentes Vicente, Luisa, Federico… queremos participar de esta labor, nuclear en nuestra fe.

Hagámoslo juntos: somos muchos, y “la unión hace la fuerza”. Soñar juntos provocará que los sueños se transformen en realidades. Donde un vicenciano se siente sobrepasado por la realidad, la Familia Vicenciana, en conjunto, unida y colaborando, puede hacer que la realidad se transforme.

Para nosotros no vale decir, acaso con un gesto de derrota, “¿qué puedo hacer yo?”. Nuestra pregunta podría ser: “¿cómo vamos a hacer esto o aquello?”. “Cómo”, porque tenemos en nuestras manos el potencial de hacer realidad nuestros sueños, si nos ponemos manos a la obra. “Vamos”, porque lo haremos juntos y no es una opción o posibilidad, sino una certeza que tenemos ante nosotros. En .famvin tenemos muchos testimonios de seguidores de Vicente que se han puesto manos a la obra y están marcando la diferencia.

Colaboremos. Soñemos. Hagamos un mundo mejor juntos. Todo esto no es una opción: es nuestra obligación de seguidores del gran santo de la Caridad.

Para la reflexión y el diálogo:

  • ¿Soñamos con un mundo distinto, o acaso vivimos el día a día simplemente “apagando fuegos”?
  • ¿De qué manera está transformando nuestra presencia vicenciana en nuestro entorno?
  • ¿Somos agentes transformadores?
  • ¿Qué significa “Caridad” para un vicenciano? ¿Es acaso un sinónimo de “limosna”, o trabajamos por una auténtica transformación de nuestro mundo por el Amor?
  • ¿En qué medida creemos que la Colaboración Vicenciana puede ayudar a maximizar nuestra eficacia, en los retos a los que nos enfrentamos como Vicencianos?
  • Denuncia profética: ¿forma parte de nuestro “perfil evangelizador”? ¿Usamos los medios de comunicación y las redes sociales para denunciar las injusticias?
  • ¿Nos atrevemos a ser inconformistas, desobedientes incluso, ante el status establecido? ¿Somos capaces de arriesgar, de caernos, de equivocarnos, a favor de los empobrecidos?

Javier F. Chento
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