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Viaje al Descubrimiento: #YoSoyVicente @AdamsonUniversity

por | Mar 11, 2016 | Formación, Reflexiones, YoSoyVicente | 0 comentarios

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En «A Journey to Discovery: Volunteering, the Vincentian Way,» [Un viaje al descubrimiento: el voluntariado al estilo vicenciano] Jan Roelrey Tecson, de la Universidad of Adamson (Filipinas) escribe sobre «…una experiencia que cambia la vida fue tan sorprendente que continué uniéndome a las misiones de verano, incluso después de graduarme de Adamson.» ¡Muchas gracias a Pamela Mantuhac por animar a nuestros jóvenes autores vicencianos de Filipinas! Se incluye una excelente galería de fotos al final.

Cuando se me preguntó sobre el voluntariado, realmente no podía imaginarme a mí mismo como una persona involucrada directamente en él. Yo sólo quería vivir una vida normal, típica: terminar los estudios, encontrar un buen trabajo y tener una familia propia. Pensé que la mayoría de la gente prefiere trabajar para su propio desarrollo a perder el tiempo haciendo un servicio de forma gratuita.

No fue hasta que entré en los pilares de la Universidad Adamsom, de gestión vicenciana, que ocurrió un cambio de perspectiva de 360 grados. Como mis padres no tenían mucho, tuve la suerte de ser aceptado como estudiante asistente y ser asignado a la oficina de servicios de extensión comunitaria integrada (ICES). Fue allí que tuve una experiencia de primera mano de la manera vicenciana de ayudar a las personas marginadas en nuestra sociedad. ICES organiza grupos de voluntarios como los Estudiantes y Alumnos Voluntarios Vicencianos (VSAV), que se encarga de llevar a cabo operaciones de socorro en las zonas afectadas por desastres en Filipinas. Me uní a la VSAV en 2010, y ser un miembro de la organización me hizo profundizar en experiencia en las operaciones de socorro y en la implicación de la comunidad estudiantil.

La universidad también me abrió la puerta a participar en las misiones populares vicencianas, una actividad de verano que cada año organizaba la Oficina de Identidad y Misión Vicenciana (OVIM). Me uní a la misión por vez primera en 2012, en la que se celebró en el sitio de reubicación Northville en Calumpit, Bulacan. Mi estancia, durante dos semanas, en Calumpit con los demás voluntarios me abrió los ojos a la realidad de los pobres urbanos: la hambre que tenían de la palabra de Dios; cómo el estar vivo era una lucha diaria; y cómo la fe en Dios era lo único que sostenía día a día debilitada existencia, frente a las adversidades de la vida. Esa transformadora experiencia fue tan sorprendente que continué uniéndome a las misiones de verano, incluso después de graduarme de Adamson.

Por lo tanto, no fue una sorpresa lo fácilmente que dije «sí» cuando fui invitado a ser el segundo Voluntario Vicenciano para el Mundo (VVW) el año pasado. Me enviaron a Tailandia para enseñar inglés básico a niños de primaria, en la escuela Anuban Thidametthatam Phatthalung de las Hijas de la Caridad, durante un año comenzando el pasado octubre. Dado que no estaba preparado profesionalmente para el trabajo de profesor de inglés (soy contable de profesión), tuve que inscribirme en un curso de preparación para la enseñanza del inglés, tres meses de duración en Adamson. También realicé el Examen de Inglés para Comunicación Internacional (TOEIC) después de llegar a Tailandia.

Si uno me preguntara de nuevo qué es el voluntariado y por qué soy voluntario, diría que Dios tiene una forma única de encaminar a una persona a ser uno mismo. Me llamaron, y yo respondí. Creo que mi papel es servir al Señor de la mejor manera que pueda, con un estilo vicenciano.

Al inicio pasé un tiempo duro tratando de conectar con los estudiantes, especialmente aquellos en el grado más bajo, ya que tengo un conocimiento muy escaso de la lengua tailandesa. Sin embargo, con el paso de los días, empezaron a sentirse cómodos conmigo y trataban sinceramente de pedir y/o responder a las preguntas en inglés. Me asignaron la enseñanza de todos los niveles, desde los grados 1 a 6, y tres secciones de Kinder 1. Debido a los distintos niveles de comprensión de los estudiantes, la escuela les divide en función de sus niveles de rendimiento. Yo realizaba actividades de enriquecimiento para los mejores para que no se aburriesen, mientras que hacía sesiones de recuperación para los que tenían más dificultades.

IMG_0116Puesto que yo no sabía tailandés y mis estudiantes apenas conocían el inglés, tenía que ser creativo; Hacía gestos mientras les contaba historias o iniciaba conversaciones para ayudarles a entender. Eran como representaciones teatrales y era muy satisfactorio escuchar el «¡Ah!» de los estudiantes cuando entendían lo que les compartía. Los estudiantes también hacían todo lo posible para expresarse en inglés. Cada vez me cruzaba con alguno en los pasillos, me saludaban diciendo mi nombre y un «buenos días» o un «buenas tardes» (a pesar de que, a menudo, se confundían e intercambiaban ambos). Yo siempre sonreía para mí mismo cuando les escuchaba usar expresiones inglesas como «Oh, my god¡», «What?», e incluso la simple respuesta de sí o no. ¡Me daba realmente mucha alegría!

Un incidente que ocurrió últimamente fue cuando uno de los profesores de inglés de la escuela estaba hablando con un maestro tailandés. El profesor de inglés, dijo, «Maestro, el pla está delicioso» (pla significa pez en tailandés). Uno de los estudiantes de Kinder 3 dijo: «No, Maestro. Son peces, no pla». Todos nos reímos, y me sentí orgulloso al escuchar al estudiante corregir al profesor con la palabra inglesa para pla.

La enseñanza de una segunda lengua no es en absoluto una tarea fácil, pero merece la pena al oir y ver a los estudiantes hacer el esfuerzo para aprenderla. El calor de su afecto y la pasión en el aprendizaje que me demuestran hace de la agotadora jornada una experiencia que merece la pena y que me realiza. Acabo de cumplir tres meses de trabajo voluntario aquí en Tailandia, pero estoy muy animado y con ganas de continuar en el camino de la caridad vicenciana durante los meses venideros.

Si alguien me preguntase de nuevo qué es el voluntariado y por qué soy voluntario, yo diría que Dios tiene una forma única de llevar a una persona a ser uno mimso. Me llamaron, y yo respondí. Creo que mi papel es servir al Señor de la mejor manera posible, y hacerlo de una forma vicenciana.

Como dijo San Vicente de Paúl en una ocasión: «¿No es deber de los padres el cuidar de las necesidades de sus hijos? Puesto que Dios nos ha puesto en el lugar de sus padres para salvar las vidas de estos niños, el criarlos e instruirlos en los conocimientos de la salvación, hay que tener cuidado de no fallar en una tarea tan querida por Él…»

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