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Un Vicenciano se interpela por la visita del Papa a México

por | Feb 13, 2016 | El Papa, John Freund, Reflexiones | 0 comentarios

Francis-en-Mexico

Admito que la visita de Francisco a México me interpela.

«Francisco visitará algunas de las comunidades más marginadas de México durante su visita del 12 al 17 de febrero, tratando de llevar la esperanza a un país que sufre la delincuencia, la corrupción y la desigualdad».

Este fue el sencillo párrafo inicial para la noticia que apareció en el National Catholic Reporter.

Pero he de reconocer que, al pensar en su valor viajando hacia las periferias, me sentí interpelado a pensar sobre mis propios viajes a las periferias de mi vida. En otras palabras, «¿qué hay de mí?»

Primero, un poco de contexto. Rocco Palmo describió recientemente un componente común de todos los viajes del Papa, como «las paradas Mateo 25»:

En sus más de 11 viajes a ultramar, hasta la fecha, la repetida insistencia de Francisco por el «tiempo abierto», se ha convertido en un cambio más que claro, y —sorpresa, sorpresa— notable: en un guiño a lo que ha citado en varias ocasiones como «el protocolo por el que todos seremos juzgados,» cada visita ahora gira en torno a lo que puede llamarse las «paradas Mateo 25»: es decir, un acercamiento a enfermos, migrantes, prisiones, pobres… en una palabra, a «los hermanos más pequeños», de quienes Jesús dijo: «cuando hicísteis por [ellos], lo hicísteis por mí.»

«Examino todos los días mi conciencia con este capítulo», dijo Francisco, durante una audiencia en 2014.

De su viaje a México, el Papa dijo en noviembre que deseaba visitar ciudades en donde San Juan Pablo II y Benedicto XVI nunca hubieran estado. Estoy seguro de que no pretendía con esto hacer ninguna crítica —sería algo fuera de su carácter— sino darnos algo así como una lente a través de la que seguir su viaje.

Así que visitará a familias y comunidades indígenas en el estado meridional de Chiapas, el más pobre de México, hecho que atrajo de nuevo la atención de todo el mundo hacia la rebelión zapatista de la década de los 90.

En Ciudad Juárez visitará su infame prisión estatal «Cereso», donde al menos 20 personas murieron durante los disturbios de 2009, provocados por bandas rivales entre prisioneros.

Mi primera reacción fue, una vez más, admirar su ejemplo al ir a las periferias, a las zonas más problemáticas de nuestro planeta y a los lugares que preferimos no mirar.

Pero mi segunda reacción es lo que me preocupa. ¿Debería hacer algo similar, en mi propia vida?

Bergoglio-foot-washingTal vez esta pregunta me cuestiona tanto porque, en los últimos tiempos, he estado reflexionando sobre cómo, inconscientemente, limito mi comprensión de las palabras de Jesús: «Haced esto en memoria mía». Decir esto diariamente, cuando celebro Eucaristía, no es suficiente. En realidad, sus palabras fueron un desafío hacia a todos sus seguidores, para cambiar su estilo de vida. Metanoia o conversión a una vida de servicio.

Así que me tengo que preguntar…

  • ¿A qué áreas de mi vida y mi corazón no he ido aún?
  • ¿Qué pies deben ser lavados en mi comunidad?
  • ¿Qué áreas de mi vida debería dejar en las sombras?

Un montón de alimento para la reflexión… sobre todo durante este Año Jubilar de la Misericordia.

Pero también dijo que se detendría en la capital, en la Ciudad de México, a rezar en la Basílica de la Virgen de Guadalupe. «Pero, si no fuera por la Virgen, no iría allí», dijo a la prensa.

Y ahora sabemos por qué. Recientemente pidió…

«Me gustaría pedirles —como favor— que, en esta ocasión, que es tercera vez en la que pisaré suelo mexicano, me dejen solo, unos minutos, delante de la imagen [de la Virgen]. Ese es el favor que les pido. ¿Podrían hacer eso por mí?», dijo, en un video publicado el 3 de febrero por la agencia de noticias mexicana Notimex.

Lo conecté inmediatamente con el deseo de Jesús de salir afuera a rezar… como tantas veces lo hizo durante su ministerio, sobre todo en la víspera de su padecimiento.

Así que, tal vez, la segunda cosa que Francisco nos enseña es que, para ir afuera, a las periferias, tanto de nuestros mundos sociales como las interiores, tenemos que reservar tiempo para orar y permitir que la misericordia de Dios brille.

No sé vosotros, pero… ¡yo creo que acabo de recibir muchas tareas a realizar durante esta Cuaresma!

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