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Evangelio y Vida para el 10 de febrero de 2016

por | Feb 10, 2016 | Evangelio y Vida, Formación, Reflexiones | 0 comentarios

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1Jl 2, 12-18; Sal 50, 3-6. 12-17; 2Cor 5, 20–6, 2; Mt 61-6. 16-18.

Este año la Cuaresma nos visita temprano. Y lo hace –como en otras ocasiones– con la misa del día y el rito de la Ceniza. No es un rito supersticioso, tampoco es esencial. Es una ayuda. Las lecturas avalan su sentido.

¿Cuál es su origen de la Ceniza? a- Viene de una costumbre penitencial de los creyentes del Antiguo Testamento; b- recogida por Jesús en el Nuevo Testamento; c-practicada e impulsada por la Iglesia de los primeros siglos (primero sólo con los “pecadores públicos” y después extendida a todos los cristianos).

Hay muchos textos del A.T. que nos hablan de esta costumbre. Puedes ver algunos de los siguientes y otros más. Job, 42, 6; Judith 4, 11; 1 Mc 3, 47; Ester 4, 1; Jer 6, 24; Jonás 3, 6… Jesús recoge esta costumbre en Mt 11, 21.

Esto es lo que hacemos en la comunidad católica al recibir la Ceniza: confesamos nuestro arrepentimiento y nuestro compromiso de conversión por medio de la recepción de la ceniza.

¿Por qué al principio de la Cuaresma? Jesús, al principio de su vida pública, se retiró al desierto cuarenta días. Fue para él tiempo de penitencia, ayuno, oración y tentaciones vencidas. Los israelitas estuvieron cuarenta años peregrinando desde la tierra de la esclavitud hacia la tierra de la promesa. Cuaresma –cuarenta días– es el tiempo especial en que caminamos con Jesús hacia su Pasión y hacia la Pascua de su Resurrección. Comenzamos este camino reconociéndonos pecadores, pidiendo perdón y esforzándonos por dejarnos cambiar por la gracia. Esto es lo que significamos por medio del rito de la ceniza. Por eso, si recibo la ceniza y no hago nada más, ni trato de mejorar, ni rehago mis relaciones con los demás, o si le doy a la Ceniza más importancia que al amor a los demás, a la misa o a la comunión, en ese caso convierto este rito en algo mágico, supersticioso y de puras apariencias. La solución no consiste en dejar de recibirla, sino en recibirla según el ayudador sentido que le da la Iglesia.

¿Por qué, además, el ayuno y la abstinencia? Son también signos comunitarios y penitenciales de la Cuaresma. Con el ayuno (miércoles de ceniza y viernes santo) hacemos buen clima para la oración, expresamos la solidaridad con los hambrientos del mundo (destino lo ahorrado para los más necesitados), y expresamos también

el combate contra nuestras pasiones: para ayunar del mal, del rencor, de la violencia, de “comer” carne del prójimo. Con la abstinencia (todos los viernes de cuaresma) expresamos y pedimos fuerza para abstenernos del mal y convertir nuestra vida a Jesucristo.

“La Cuaresma de este Año Jubilar –de la misericordia– ha de ser vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios” nos dice el Papa Francisco en la bula “El rostro de la misericordia”. (¡Anímate a leerla!).

Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Honorio López Alfonso, C.M.

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