Reflexiones Vicentinas al Evangelio: La Sagrada Familia (27 de diciembre)

por | Dic 26, 2015 | Reflexiones | 0 comentarios

Sagrada_Familia

Eclo 3,2-6.12-14; Salmo 127; Col 3,12-21; Lc 2,22-40)

“… He pensado en la santísima Trinidad… Con ese respeto cordial honraremos también las relaciones de San José, de la Santísima Virgen y de Jesús” (SVdeP IX, 153).

¡Dios es familia! ¡Dios es comunidad y comunión de personas! Dios se humaniza encarnándose en una familia, la Familia de Nazareth. Y la familia humana se impregna de la familia divina, por el misterio de la Encarnación. Al celebrar la tradicional fiesta litúrgica de “La Sagrada Familia”, hacemos memoria agradecida de todas nuestras familias. Nos atrevemos a decir que hoy celebramos “el día de la Familia Cristiana”

Honrar al Padre, respetar a la madre es la recomendación del Ben Sirá (Autor del Eclesiástico). En la mentalidad del tiempo en que se escribió este texto, los padres representaban, de alguna manera, la autoridad de Dios y garantizaban la unidad y la armonía familiar, que sostenía la estructura social de la época. Así, se revela una estructura piramidal. Quizá, hoy tendremos que trabajar más, por unas relaciones comunitarias de mutua cooperación y respeto, entre todos los miembros de la familia.

En la misma evocación, el Salmo responsorial, exalta y resalta las bondades de la vida familiar. Cada uno según sus funciones y todos en torno a la mesa familiar para disfrutar las bendiciones de Dios. La unidad familiar es considerada como un don de Dios, lo mismo que la madre como esposa virtuosa, el padre como cabeza de la familia, trabajador y honrado y los hijos sumisos y respetuosos de sus padres. La familia es garantía de la trasmisión de la tradición religiosa y de la fidelidad a la alianza con Dios.

Los valores de la comunidad creyente deben ser alimentados por la vida y estructura familiar. Pablo expone de manera pedagógica los rasgos que caracterizan a la comunidad cristiana. Acto seguido presenta las exigencias de la vida familiar en las relaciones entre los esposos, padres e hijos, hermanos y hermanas. Obediencia, amor entrañable, respeto mutuo, son signo de amor de Dios revelado en Jesucristo y comunicado a su esposa, La Iglesia.

Vale, detenernos un momento en los personajes que nos presenta el Evangelio. María y José se manifiestan como fieles cumplidores de los preceptos del Señor: van al Templo a cumplir con los ritos de la purificación de la madre y el ofrecimiento del primogénito. Los ancianos Simeón y Ana, simbolizan la esperanza espiritual y profética del pequeño resto de Israel, que ven en el Niño el cumplimiento de las promesas de Dios a su Pueblo y a la humanidad. El Niño, crece en sabiduría y en gracia, es decir, se va formando para realizar la misión encomendada por el Padre.

Probablemente, hoy ha cambiado la forma de entender y concebir el concepto de la familia. Las relaciones no son ya verticales, piramidales y autoritarias, sino horizontales, comunitarias y dialogantes. Difícil tarea, pero es la más cercana al Evangelio de Jesús. Entonces podríamos meditar para cada uno y muy en su interior: ¿Cómo está mi vida familiar? ¿Cómo crecer y hacer crecer mi entorno familiar en sabiduría y gracia, delante de la comunidad y del Señor? ¿Será mi vida, luz para iluminar a mi comunidad y testimonio de la gloria de Dios?

“De la santísima Virgen se dice que recogía en su corazón las palabras de su Hijo; se llenaba de ellas y las meditaba luego, de forma que no perdía nada de todo cuanto decía (L 2, 51)”. (SVdP IX, 370)

Tomado de: http://ssvp.es

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