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Feliz Navidad a todos los miembros de la Familia Vicenciana

por | Dic 17, 2015 | Reflexiones | 1 comentario

felicitacion famvin 2015

Las calles de las ciudades de la inmensa mayoría del mundo se han vestido de brillantes luces e imágenes evocadoras, para saludar a la Navidad y celebrar el año nuevo que ya se acerca. Las tiendas muestran sus mejores escaparates, llenos de imágenes navideñas y buenos deseos, mezclados con llamativos productos que nos invitan a consumir. Se palpa en el ambiente que es un tiempo diferente y hasta parece que intentamos vivir con más esperanza y alegría.

Buena parte de la sociedad ha convertido este tiempo de esperanza en un tiempo de consumo. El dinero y el estado de bienestar ocupan el centro de las sociedades desarrolladas, y el sentido religioso de las festividades se pierde, incluso para muchos de los que aún se llaman creyentes.

Hace unos días, el Papa Francisco nos recordaba, en una de sus diarias homilías, que la pobreza es la primera Bienaventuranza y que, para la Iglesia, para el Pueblo de Dios, la verdadera riqueza son los pobres, y no el dinero o el poder.

Una Iglesia fiel a Dios ha de ser una iglesia humilde, pobre y con confianza en el Señor.

“Una Iglesia humilde, que no se pavonee de los poderes, de las grandezas. Humildad no significa una persona lánguida, desganada, que tiene los ojos en blanco… No, ¡ésta no es humildad, esto es teatro! Esto es fingir humildad. La humildad tiene un primer paso: ‘Yo soy pecador’. Si tú no eres capaz de decirte a ti mismo que eres pecador y que los demás son mejores que tú, no eres humilde. El primer paso en la Iglesia humilde es sentirse pecadora, el primer paso de todos nosotros es lo mismo. Si alguno de nosotros tiene la costumbre de mirar los defectos de los demás y parlotear de ellos no es humilde, se cree juez de los demás”.

Tambien nos desafía a no estar apegados al dinero, y nos recuerda que, para Dios y para la Iglesia, los pobres son la verdadera riqueza: Nosotros –afirmó el Pontífice– debemos pedir “esta gracia, para que la Iglesia sea humilde, para que yo sea humilde, para que cada uno de nosotros” sea humilde. El segundo paso es la pobreza que –añadió– “es la primera de las Bienaventuranzas”. Pobre en el espíritu –precisó– quiere decir estar “sólo apegado a las riquezas de Dios”. No, por tanto,  a “una Iglesia que vive apegada al dinero, que piensa en el dinero, que piensa en cómo ganar dinero”. “Como se sabe  –afirmó el Papa– en un templo de la diócesis, para pasar la Puerta Santa, decían ingenuamente a la gente que se debía hacer una ofrenda: ésta no es la Iglesia de Jesús, ésta es la Iglesia de estos jefes de los sacerdotes, apegada al dinero”.

“Nuestro diácono, el diácono de esta diócesis, Lorenzo, cuando el emperador –era el ecónomo de la diócesis– le dice que lleve las riquezas de la diócesis, así, pagar algo y no ser asesinado, vuelve con los pobres. Los pobres son las riquezas de la Iglesia. Si tú tienes un banco tuyo, eres el dueño de un banco, pero tu corazón es pobre, no estás apegado al dinero, esto está al servicio, siempre. La pobreza es este desapego, para servir a los necesitados, para servir a los demás”.

El Papa nos invita a hacernos esta pregunta: “¿Somos una Iglesia, un pueblo humilde, pobre? ¿Yo soy o no soy pobre?”.

¿Reconocemos que nuestro Dios es un Dios providente, y que nos cuida como a las niñas de nuestros ojos? Si fuera así, confiaríamos en Él como el hijo pequeño tiene plena y absoluta confianza en sus padres. El Papa insiste: «¿Dónde está mi confianza? ¿En el poder, en los amigos, en el dinero? ¡En el Señor! Esta es la herencia que nos promete el Señor: ‘Dejaré en medio de ti a un pueblo humilde y pobre, confiará en el nombre del Señor'».

“En esta espera del Señor, de la Navidad  –concluyó Francisco su homilía– pidamos que nos dé un corazón humilde, que nos dé un corazón pobre y, sobre todo, un corazón confiado en el Señor, porque el Señor jamás decepciona”.

Los Vicencianos seguimos a Jesucristo pobre, presente en los pobres. Y, como muchas veces hemos reflexionado, no podemos hacerlo desde una posición de poder, ni somos administradores de la riqueza. Hemos de ser pobres entre los pobres, acompañantes y amigos de quienes Dios ha elegido como a sus preferidos. La pobreza, esa bienaventuranza primera, no ha de ser como la ropa que nos ponemos y quitamos a díario, ni tampoco una característica en el listado de nuestro carisma, sino algo que está en el centro de nuestra vida y que nos transforma y nos modela para ser buenos operarios en la mies del Señor.

En estas fechas, en las que la sociedad vive un arrebato consumista, los creyentes, y por tanto los vicencianos, nos recordamos que lo importante no es lo que tenemos, sino lo que somos.

Desde estos convencimientos sí que podemos denominar «Feliz» a la Navidad: un tiempo de alegría, porque vino al mundo, entre los pobres, Aquel que, tan solo por amor, quiso descender hasta nosotros y ser uno más de nuestro pueblo.

Os deseamos que viváis en plenitud este tiempo tan especial. Y que los pobres sigan siendo, de corazón, el centro de nuestra experiencia cristiana.

Entonces sí que tendrá sentido decir: Feliz Navidad y vicenciano Año Nuevo.

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1 comentario

  1. Orlanda R. Alves

    Magnífica mensagem de Natal. Que aprendamos de Jesus a humildade e o amor incondicional aos seus preferidos, os pobres. Nosso carisma vicentino nos conclama a seguirmos as pegadas do Mestre.
    Ótimas orientações de nosso Papa Francisco…profunda reflexão evangélica.
    Feliz Natal para todos nós! Olhemos o mundo com o olhar e coração de Deus.

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