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Reflexiones Vicentinas al Evangelio: 32º Domingo Ordinario (8 de noviembre)

por | Nov 7, 2015 | Reflexiones | 0 comentarios

El óbolo de la viuda James C. Christensen 1942-

El óbolo de la viuda
James C. Christensen 1942-

«Vivimos del patrimonio de Jesucristo y del sudor de los pobres… Dios es nuestro proveedor y atiende todas nuestras necesidades y algo más… No sé si nos preocupamos mucho de agradecérselo» (SVdeP)

Jesús hace resaltar la modesta ofrenda que una viuda deposita en la alcancía del templo, comparándola con la ostentación de las personas ricas. El gesto de aquella mujer, es igual al de aquella otra viuda que, a pesar de su miseria, acogió al profeta Elías en su casa, relatado en la primera lectura. En la carta a los Hebreos, se compara el culto en el templo del Antiguo Testamento, donde el sacerdote entraba cubierto con la sangre de las víctimas del sacrificio, con la nueva liturgia en la que vemos que Cristo entró en el cielo, cubierto con su propia sangre. Viudas y huérfanos representaban en Israel al grupo más vulnerable y desprotegido. Lo llamaríamos, en el lenguaje actual “población en riesgo”. Esta situación de vulneración era propiciada por las estructuras familiares patriarcales en la que los niños y las mujeres existían por la representación de un esposo o padre de familia. Sin esa representación quedaban expuestos a la pérdida del patrimonio, del matrimonio y de la propiedad. Es decir, no eran nada, o a lo sumo una carga para la comunidad formada por clanes, la aldea y la tribu. Con mucha frecuencia eran objeto de explotación, rechazo y maltrato. Por esta razón el Libro del Deuteronomio tiene una serie de disposiciones de justicia que intentan compensar o al menos paliar esa difícil, desastrosa y frecuente situación. Además prevé unos mecanismos solidarios aconsejados desde las obligaciones religiosas y morales. Los profetas, como conciencia crítica del pueblo, apelan al sentido de justicia de los mandatarios y a la solidaridad del pueblo para intentar frenar esa situación. En caso de carestía, debida a sequías prolongadas o guerras, las viudas y los huérfanos estaban condenados a la muerte, ya que, cuando no contaban con algún apoyo familiar, dejaban de percibir ayuda de los gobernantes y de la población que los auxiliaban con los excedentes agrícolas, inexistentes en estos casos. La Biblia, rescata la figura de estas personas anónimas y desconocidas para colocarlas como modelos de religiosidad y ética. La viuda que socorre al profeta Elías está en una situación tan desesperada que cuenta sólo con la comida de un día. La intervención del profeta exiliado restituye la esperanza y recompone la situación de esta persona.

Al igual que los profetas, Jesús denuncia el pecado de quienes controlan las instancias legales y se aprovechan de los más pobres, despojándolos de sus pocos bienes, en particular de las viudas que carecen de cualquier derecho de representación. La denuncia de Jesús, incide sobre el manto de legalidad con el que los letrados encubren sus injusticias. Al mismo tiempo, propone a una pobre viuda como modelo de justicia y generosidad. Con su precaria contribución al Templo cumple con los requisitos económicos que, al menos en teoría, deberían servir para socorrer a las personas indigentes; con su actitud demuestra una fe sincera, capaz de cimentar una existencia digna, a pesar de la precariedad económica en la que estas mujeres subsistían.

Debemos aprender a desprendernos de las cosas materiales. Jesucristo alaba a la viuda pobre, a la vez que lamenta la falsedad de otros: «Todos han echado de lo que les sobraba, ésta [la viuda], en cambio, ha echado de lo que necesitaba» (Mc 12,44)

A Jesús que observa, cómo los fieles van pasando a depositar su ofrenda para el tesoro del templo, no lo ha impresionado, como al común de los observadores, la cantidad que cada rico ha depositado; sus parámetros de juicio son completamente diferentes a los criterios mercantilistas y economicistas, que se basan en la cantidad. La viuda del Evangelio, simboliza a quienes están dispuestos a entrar en la dinámica de Jesús, aquellos que están dispuestos a dar, a darse, a entregarse con lo que se tiene a la causa del Reino del Padre. ¿Qué tan dispuestos estamos nosotros a entregar lo que tenemos y a entregarnos personalmente a la causa del Reino del Padre?

«La perfección no consiste en la multitud de cosas hechas, sino en el hecho de estar bien hechas» (SVdeP)

 

Tomado de http://ssvp.es

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