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Los sueños en la Familia Vicenciana

por | Jul 20, 2015 | Asociación Internacional de Caridades | 0 comentarios

Vincent-louise

Alice Duhne ha sido recientemente elegida Presidenta de AIC Internacional («Ladies of Charity» en Estados Unidos). A continuación, una reflexión sobre los sueños en la Familia Vicenciana que ella y sor Carolina Flores compartieron como parte de «Dejarse encantar por el proyecto de San Vicente»:

Sueños de San Vicente, sueños de Sta. Luisa ¿Tú qué sueñas?

Introducción:

Todos podemos tener sueños, todos deberíamos tener sueños. Pudiéramos pasar la vida haciendo solamente “lo que se nos presente”, o podemos trabajar y entusiasmarnos en hacer realidad lo que soñamos.

Tomando el ejemplo de nuestros fundadores, tal vez podamos tener más luces de cómo trabajar para que lo que a veces vemos “como imposible”, se haga posible.

Desarrollo del tema:

· Sueños de San Vicente

La ruta terrestre de SVP duró ochenta años. Los primeros pasos fueron de búsqueda, de inquietud, de incertidumbre. Se necesitarán treinta y seis años para adquirir las certezas que modelen y caractericen su rostro eterno.

Tres sueños primordialmente tuvo San Vicente: La evangelización por la caridad, la regularidad sacerdotal y dar todo con amor a los pobres, los preferidos por Jesús. Estos sueños los fue visualizando y haciendo realidad durante su vida.

San Vicente soñó de joven obtener un beneficio económico para su familia. Él vivió su infancia dentro de una familia pobre. Conocía las carencias y pensó que siendo sacerdote pudiera aportar dinero para su familia. No había vislumbrado entonces su misión. Son bellos los relatos que nos cuentan cómo en 1617 con el aldeano de Ganes y luego con la familia abandonada, en Chatillón, el Señor lo llama. Él le ofreció otro sueño más grande. Y fue que a través de los pobres, pudo visualizar una misión más grande, que fue contribuir a la construcción de un mundo más cerca de Dios y por tanto con mayor justicia en la distribución de los bienes. Se dio cuenta en 1617 que por la falta de evangelización y de organización, la situación que le rodeaba era caótica. Y se puso a partir de aquel año a buscar soluciones.

San Vicente descubre a los pobres, y esto lo induce a cambiar radicalmente de vida. Palpa las palabras de Jesucristo plasmadas en Mt 25, 40: “Cada vez que hagas un favor a un pobre es a mí a quien se lo haces”. Entonces el sueño crece: “Servir a Jesucristo a través de las personas de los pobres”.

San Vicente no aceptó hacer únicamente asistencia; siempre intentó dar a cada uno todos los medios para que pudiera bastarse. Los sueños de San Vicente no se concretaban en la evangelización, sino en la atención directa con los destinatarios para ayudarles a buscar caminos para salir de su pobreza. En primera instancia, agosto de 1617 lo inicio con las Damas de la Caridad (ahora AIC al nivel internacional y con diferentes apellidos según las asociaciones, como Voluntarias vicentinas, Equipes Saint Vincent, Ladies of Charity…), con ellas atiende una diversidad de carencias que va observando en la sociedad que le rodeaba.

Paralelamente se había dado cuenta de las carencias de muchos sacerdotes de su época. Decide compartir sus sueños con varios de ellos, hasta llegar a formar un grupo de misioneros “atentos a la salvación de las gentes del campo, yendo de aldea en aldea, predicando, exhortando, enseñando en público y en privado los misterios de la fe necesarios para la salvación, que la mayoría ignoran por completo, disponiendo a los fieles a hacer una confesión general de toda su vida… Establecían Cofradías de la Caridad [ahora los llamaríamos Centros de servicios AIC] donde eran necesario, para el bien corporal y espiritual de los pobres enfermos” (I. 122-123). Con ellos forma en 1625 la Congregación de la Misión.

Providencialmente se encuentra en el camino de su vida a Luisa de Marillac y en 1629 San Vicente pide a Luisa de Marillac de coordinar los grupos de “las Damas de la Caridad” que estaban multiplicándose a través de Francia. Luisa fuera la primera coordonadora de las caridades.

San Vicente y Luisa comparten entre sí sus inquietudes, pues las damas – a causa de sus obligaciones familiares y sociales- muchas veces no podían dar una atención directa a los hermanos que vivían en situación de pobreza y enviaban a sus sirvientes. Fue así como vislumbra con ella la posibilidad de abrir una nueva rama para mejorar la atención a estas personas, que más adelante se llamarían Hijas de la Caridad. Este sueño lo concretizó con Santa Luisa a través de toda su vida a partir de este encuentro. Así las “damas y las hijas” se complementan en su vocación y su servicio, continuando la intuición de su Fundador común.

Cuando se han descubierto los pobres de su sociedad, de su país, siente uno la tentación de olvidarse de los pobres que viven y mueren en otras partes del mundo. En los primeros 31 años de la vida apostólica, San Vicente visualizó solo las pobrezas de Francia. Después volteó la mirada y pudo darse cuenta de otra realidad, fue así como empezó a enviar misioneros a otros países, iniciando en Italia en 1642, Túnez en 1645, Islas Británicas en 1646, Madagascar en 1648 y Polonia en 1651. Así soñó establecer su obra por todo el mundo, lo inició durante su vida y lo continuamos nosotros, miembros de la Familia Vicentina.

· Sueños de Santa Luísa

Luisa de Marillac alimentó toda su vida un gran sueño: Ser fiel a la voluntad de Dios sobre ella. Sus cartas y sus escritos nos permiten descubrir su caminar en la persecución de este gran sueño que se concretizaba en sueños a los que se entregaba con toda vitalidad.

Sus escritos ponen fuertemente el acento en el Espíritu Santo. Su experiencia de Pentecostés de 1623 fue un giro en su vida y forma parte de la herencia espiritual que transmitió a la Compañía. Al principio de sus relaciones, San Vicente le había escrito: “El reino de Dios es la paz en el Espíritu Santo; Él reinará en usted, si su corazón está en paz” (SV:I:175). Y en otra ocasión: “El Espíritu de nuestro Señor será su regla y su guía” (SV:I:181). Y Luisa lo vivió así: totalmente dada al Espíritu.

Santa Luisa soñaba con ser la sierva de los pobres. Su contribución a la Iglesia de su tiempo es tan importante, tan original y bien organizada que el Papa San Juan XXIII la proclamó: “Patrona de todos los que se entregan a las obras sociales cristianas”. En las conferencias posteriores a su muerte, San Vicente y las primeras Hermanas hablaron con elocuencia sobre lo que habían visto en Luisa al servicio de los pobres:

“Tenía gran afecto a los pobres y mucha alegría al servirlos” (SV:IX:1234). “Les hablaba con gran dulzura” (SV:IX:1233).

Poco después del encuentro con San Vicente, Luisa comenzó a soñar en colaborar en la marcha de las caridades. En los primeros meses de 1629 Luisa tomó una decisión que cambió su vida entera y la convirtió en otra mujer: Decidió entregarse a los pobres. Principalmente llevaba el encargo de visitar las Caridades, observarlas, animarlas y hacer un informe de cada una de ellas. Fueron muchas las caridades que Luisa de Marillac reorganizó y dinamizó, y fueron muchos los informes que envió a Vicente de Paúl así como los reglamentos que redactó o corrigió.

Su pasión por la enseñanza: Al emprender la visita de las “Caridades” una de sus principales preocupaciones era reforzar en el pueblo la educación, especialmente de las niñas: “La ignorancia de las niñas les puede impedir aprovecharse de las gracias de Dios” (Escritos, carta 48, p. 59). Insistía en que la instrucción que se les había de dar fuera sencilla, práctica, especialmente que aprendieran a leer y escribir.

Santa Luisa era mujer de detalles y a través de esta característica manifestaba su profundo amor realista. Su sueño de organización se manifiesta también en la redacción de reglamentos, siempre desde la vida, desde la experiencia y esenciales para el funcionamiento y el futuro de las obras que emprendían.

El sueño sobre la Compañía de las Hijas de la Caridad: Luisa se convirtió en el centro de acogida, de formación y de colocación de las jóvenes que deseaban servir en las caridades. Las jóvenes recibían una formación personal, religiosa y técnica, que las capacitaba para desempeñar dignamente un servicio material y espiritual con los pobres. La fundación de la Compañía se debió en gran parte a la clara intuición de Luisa quien, a partir de 1633, cuidó con gran esmero lo que tanto amaba.

Su sueño de relacionarse con todos desde la dignidad de cada uno y la aceptación de su realidad : La calidez de Luisa en sus relaciones, basada en la confianza y el respeto, la introducía en la vida de los demás para hacerles el bien.

Reflexión personal o comunitaria:

En San Vicente, en Santa Luisa, como en nosotros, Dios ha depositado sueños y nuestra tarea es corresponder a esos sueños que Dios tiene sobre nosotros. ¡Hagamos que se conviertan en vida!

Actividades o preguntas:

En este momento de mi vida:

  • ¿Cuáles son los sueños que tengo personalmente?
  • ¿Cuáles son mis sueños en referencia a mi misión de miembro de AIC?
  • ¿Cuáles son mis sueños sobre la AIC de la que en concreto formo parte?

Oración:

Señor Jesús, tengo muchas inquietudes, tengo muchos sueños que quisiera hacer realidad para que podamos tener un mundo donde impere el amor y la justicia. Te pido me ilumines, como a San Vicente y a Santa Luisa para ver el camino que tú me marcas. Haz que mi vida tenga un sentido profundo, para que cuando llegue a ti al final de mi vida, pueda decir con tranquilidad “he hecho lo tú me pediste porque he contribuido en algo para hacer realidad tu sueño que es el mío”. Amén.

Canto:

Por mis queridas hermanas, le pido a Dios bendición, Perseverancia por gracia, en su amada vocación para que puedan servirle en forma que El pidió

en el servicio del pobre vivir su consagración Y sobre todo procuren unión y cordialidad, amándose unas a otras para el Señor imitar.

En el servicio a los pobres un gran cuidado tendrán Que su única Madre a la Virgen pedirán.

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