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Reflexiones Vicentinas al Evangelio: 33º Domingo Ordinario

por | Nov 15, 2013 | Reflexiones | 0 comentarios

img1072«¡Miserable de ti! ¿En qué estás pensando? ¿Quieres justificarte después de haber oído cómo un cristiano, falsamente acusado en Túnez, ha estado tres días en los tormentos y ha muerto finalmente sin proferir una palabra de queja, a pesar de ser inocente del crimen del que le acusaban? No, no será así» (SVdeP III,211)

El Dios cristiano es el Dios de la esperanza, de la vida, de la justicia, el Dios del amor y la misericordia, quien se acerca a su pueblo para rescatarlo de la muerte. Esta Liturgia, nos invita a fortalecer nuestra fe y nuestra esperanza en Él, elementos que hacen que vivamos con mayor madurez y compromiso nuestra experiencia religiosa, sirviendo así incondicionalmente a nuestros hermanos y hermanas. Dios se fija en nuestra capacidad de donación y de servicio a los demás y no tanto en las construcciones y espectáculos que realizamos en nombre de Él.

Malaquías, a través de un lenguaje apocalíptico, alienta al pueblo justo que sirve enteramente al Señor, indicándole que ya llegará el día en que se hará sentir la justicia de Dios sobre los que no guardan su Ley; que ellos no son los que realmente dirigen el caminar de la historia, sino que es el Dios amante de la vida quien la guía, conduciéndola por el camino de la paz y de la vida. Todos los que caminan por el camino del Señor serán iluminados por el “sol de justicia” que irradia su luz en medio de la oscuridad, en medio del dolor y la muerte.

El Salmo 97, es un himno al Rey y Señor de toda la Creación, quien dirige con justicia a todos los pueblos de la tierra, quien es amoroso y fiel con el pueblo de Israel. Dios es un Dios justo, que merece ser alabado por todos, pues ha derrotado la muerte y ha posibilitado la vida para todos; por ello toda la Creación lo alaba, celebra la presencia de ese Dios misericordioso y justo en medio del pueblo liberado. Es el Salmo de agradecimiento por los beneficios recibidos por tener su esperanza puesta en el Dios de la vida.

Muchos de los creyentes de Tesalónica, específicamente las “clases superiores”, pensaron que no debían preocuparse por las cosas de la vida cotidiana, como el trabajo, y que más bien debían esperar, de brazos cruzados, la inminente venida del Señor y dedicarse a la ociosidad. Pablo llama fuertemente la atención sobre esta errada actitud, pues son personas que viven del trabajo ajeno, son explotadores de los otros (esclavos) y que, gracias a ello, acumulan riquezas sin esforzarse en absoluto. Es a ellos a quienes Pablo se dirige fuertemente: “el que no quiera trabajar que no coma”, ya que esta actitud no es propia de la enseñanza de los Apóstoles.

Pudo ser que la presencia magnífica del Templo de Jerusalén, alentara la fe de los judíos hasta el punto de ser más significativos la arquitectura y el poder de la religión que el mismo Dios de Israel; pudo ser que fueran más importantes los sacrificios, el ritual, la construcción majestuosa que las actitudes exigidas por el mismo Dios para un verdadero culto a Él: La misericordia y la justicia social. Por eso, Jesús afirma que el templo será destruido, pues éste no posibilita una relación legítima con Dios y con los hermanos, sino que crea grandes divisiones sociales e injusticias que contradicen el fin de una experiencia de Fe. Es importante ir descubriendo en nuestra vida que la experiencia de fe debe estar atravesada por el servicio incondicional a los demás, es así como vamos sintiendo el paso de Dios por nuestra existencia y es así como vamos construyendo el verdadero templo de Dios, el cual no se debe equiparar con edificaciones ostentosas, sino con la Iglesia-Comunidad, Iglesia-Conferencia de creyentes que se inspira en la Palabra de Dios y se mantiene firme en la esperanza de Jesús resucitado.
Mantengámonos firmes y no nos desesperemos de ser honrados, aunque observemos que con honradez y rectitud en este mundo no se llega muy lejos que digamos. Mantengámonos firmes y fieles a la Doctrina de Cristo y la Iglesia, ante las ideas modernas que aprendemos en la televisión y la propaganda anti religiosa, porque sólo de esta manera conseguiremos la vida eterna.

«Donde la prudencia humana falla y no ve ni gota, allí empieza a brillar la sabiduría divina» (SVdeP III,250)

Tomado de ssvp.es

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