milagr¡Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti!

En esta tarde, Señor, nos acercamos al altar de tu presencia, ese templo interior que todos tenemos dentro y en el que Tú siempre nos esperas. Nos disponemos a orar, deseando que tu amor inunde nuestro corazón, para que podamos transparentarte a través de nuestros actos y actitudes. Traemos a la oración a todos aquellos jóvenes que se sienten invitados a seguirte, a dejar las redes, las seguridades y ponemos sus vidas en tus manos. Comenzamos nuestra oración en el nombre del Padre, en quien descansamos, del Hijo, que viene a nosotros y del Espíritu de la paz.

Canto:

“Ven Espíritu de Dios sobre mí,
me abro a tu presencia,
cambiarás mi corazón” (Bis)

El mes de noviembre es especialmente significativo para las Hijas de la Caridad y para toda la Familia Vicenciana. Celebramos nuestra pertenencia a la Virgen María, no sólo por voluntad de nuestros Fundadores sino por deseo de María en su mensaje a Santa Catalina, en el año 1830, ¿qué hemos hecho de este mensaje desde hace más de 180 años?

La Santísima Virgen vino ella misma para sellar su alianza con la pequeña Compañía. ¿Somos conscientes de esta elección de María? ¿cómo hemos respondido al amor y a la confianza manifestadas por la Virgen?

Música de fondo (momento breve)

Primer momento: Escuchar

Santa Catalina escuchó un mensaje e inmediatamente este mensaje llenó su vida. Lo recibió con atención, sencillez y humildad.

(Lector 2):

{Hija mía, el buen Dios te quiere encomendar una misión. Sufrirás mucho pero podrás soportarlo […] te contradecirán, pero contarás con la gracia, no temas. Di todo, con confianza, lo que pasa en ti, dilo con simplicidad, no temas. Serás inspirada en tus oraciones. Los tiempos son malos, las desgracias se cernirán sobre Francia, el trono será derribado, el mundo entero se verá amenazado por desgracias de todas clases (la Virgen tenía cara de pena al decir todo esto) pero acercaos al pie de este altar, aquí las gracias serán concedidas particularmente a las personas que las pidan con confianza y fervor […] Llegará el momento en que el peligro será grande, se creerá que todo está perdido, estaré entonces con vosotras, tened confianza. Os daréis cuenta de que os he visitado, reconoceréis la protección de Dios a la comunidad y la de san Vicente sobre las dos comunidades. Tened confianza, no es desaniméis, yo estaré con vosotras.}

Santa Catalina nos invita a escuchar con humildad cuando Dios nos habla, a fin de ser auténticas siervas junto a los pobres a los que Él nos envía. Que como ella, aprendamos a vivir de fe, sin dar cabida a la duda, para pedir y orar con una gran confianza, seguras de que vamos a ser escuchadas.

Oramos en silencio. Ponemos en manos de María todo aquello que nos preocupa, junto a las intenciones del mundo, de la Iglesia y de la Compañía.

Música de fondo

Antífona:

“Madre de los creyentes
que siempre fuiste fiel,
danos tu confianza, danos tu fe”. (Bis)

Rezamos un misterio del Rosario

Segundo momento: Querer

Impresiona la fuerza de voluntad de Santa Catalina, voluntad puesta en acción, por amor. Fiel a la misión recibida, insiste día tras día, con perseverancia, y así, durante 45 años, Sor Catalina trae ante el altar los desvelos y preocupaciones de la Compañía y de los pobres.

Convencida de ser un instrumento de Dios en beneficio de los más desfavorecidos, Sor Catalina puso su humildad al servicio de su caridad. Siempre escondida, en el silencio del trabajo y la contemplación, sin aparecer como protagonista, unió a su trabajo de sierva su oración y no olvidó a nadie: ancianos, enfermos, jóvenes…

Pidamos a Santa Catalina que se una a nuestra oración, y con ella encomendemos a la Virgen María a todas aquellas personas cuyos nombres nadie pronuncia, vidas anónimas, historias en las que nadie repara, que probablemente son espacio de Dios. Oramos por esas vidas silenciosas.

Música de fondo: momentos de silencio. A continuación podemos presentar preces espontáneas en voz alta.

Canto:

“Madre de los pobres,
los humildes y sencillos,
de los tristes y los niños
que confían siempre en Dios.

*Tú, que has vivido el dolor y la pobreza tú, que has sufrido en la noche del hogar
tú, que eres madre de los pobres y olvidados; eres el consuelo del que reza en su llorar.”

Tercer momento: Orar

Santa Catalina obtuvo todas las gracias por la intensidad de su oración. Si se ha dicho de ella que era la santa del silencio, sabemos que su silencio no estaba vacío, sino que estaba lleno de la presencia de Dios. De aquel Dios por el que, durante su juventud, recorría cada mañana tres kilómetros hasta llegar a la Iglesia y encontrarse con Él. ¿Qué lugar damos a la oración y al silencio en nuestra vida?

A Santa Catalina no se le concedió que pudiera ver las repercusiones de su vida que, aparentemente, fue insignificante. Ella no se dio cuenta de la importancia que iba a tener, para la Iglesia y para el mundo, su manera de comprender y reflejar el mensaje y el empeño con que quiso que se transmitiera. Aprendió a renunciar, a olvidarse de sí misma, a ver a Dios en las personas y los acontecimientos… Acrecentó su paciencia y adquirió una mirada de bondad y de disculpa con todos. Ante el Sagrario fraguó las virtudes que la Iglesia reconocería más adelante.

(Lector 2):

{Este globo que ves representa al mundo entero y cada persona en particular. Estos rayos son el símbolo de las gracias que derramo sobre las personas que me las piden. Estas piedras preciosas de las que no salen rayos, son las gracias que algunos olvidan pedirme.}.

En la segunda aparición de la Virgen a Santa Catalina, el 27 de noviembre, ésta le hace comprender cuán agradable es la oración y cuán generosa es Ella con quienes la rezan, cuántas gracias dispensa a las personas que se las piden y qué felicidad siente al otorgarlas.

Pidamos con confianza. Oremos en silencio por todos los jóvenes, los que se muestran indiferentes y por aquellos que viven y celebran la fe, para que sepan discernir la vocación a la que el Señor les llama.

Oramos y compartimos

Intercalamos la antífona después de cada dos intervenciones:

“Oh María, sin pecado concebida,
rogad por nosotros, rogad por nosotros,
que recurrimos a Ti”

Para terminar, rezamos juntas la oración de ofrecimiento a la Virgen que compuso Santa Luisa:

“Señor, que nos has inspirado que eligiésemos a tu santa Madre
como
Madre de la pequeña Compañía, sabes que, para que subsista,
necesita
las virtudes de pureza y caridad.
¿De
quién aprenderemos mejor estas dos virtudes, después de Vos, si no es de nuestra Madre?
Entréganos
a ella como hijas,
y concédenos también que comprendamos su ejemplo
y que seamos fieles a las enseñanzas que su vida,
aunque oculta, nos enseña con claridad”.
Amén.

Canto final:

1.- Mírame Madre querida.
¡Milagrosa, Inmaculada! Con la luz de tu mirada,
¡Milagrosa! envuélveme. Con la luz de tu mirada,
¡Milagrosa, envuélveme!

Mírame Madre querida,
Con esos ojos tan bellos,
¡Ay! Si no me miran ellos,
¿Cómo consolarme yo? (Bis)

2.– No sé qué tienen tus ojos,
¡Oh Madre del alma mía!
Que al mirarlos cada día
Siento arder mi corazón.(Bis)

En la noche de la vida,
Milagrosa, dos luceros
Son tus ojos, ¡ay, qué bellos!
¡Milagrosa! mírame.

Noviembre 2013

Tomado de la web de los Misioneros Paúles de Madrid

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